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domingo, 28 de febrero de 2016

Deberes, ¿sí o no? Esto es lo que dicen expertos por todo el mundo



Deberes, ¿sí o no? Esto es lo que dicen expertos por todo el mundo



El mundo de la innovación en educación puede venir de más allá de la aplicación de las nuevas tecnologías. Los deberes, por ejemplo, reciben múltiples críticas — y alguna alabanza, no vamos a negarlo —, generando un enorme debate al respecto de si el modelo actual debe perdurar… o no.
Hoy vamos a hablar de deberes, y a sacar conclusiones. ¿Son buenos para la educación y formación? Y orientándolo a nuestro tema, ¿cómo podemos mejorar el contexto de los deberes gracias a la tecnología? Vamos a ello.

Deberes: el estado del arte
El mundo de la educación está en constante cambio. Nadie duda de que es uno de los campos en los que la ciencia está constantemente innovando y buscando mejoras para el sistema, que es considerado como uno de los puntos claves de la sociedad actual. Cuanto mejor sea la educación, mejor formados estarán los chavales, y más próspero será el futuro del mundo en su conjunto.
Una búsqueda en Google Scholar con el término ‘homework’ arroja 522.000 resultados, de los cuales unos 34.000 han sido publicados desde 2012. Son estudios científicos publicados por equipos de investigación, expertos y universidades por todo el mundo, la mayoría de ellos en inglés; en Dialnet, uno de los principales bancos de documentos de investigación en español, encontramos unos 500 resultados con los términos ‘deberes educación’.
De esta amalgama de documentos encontraremos algunos tremendamente interesantes para la cuestión que tratamos. Does Homework Improve Academic Achievement? A Synthesis of Research, 1987–2003, de Cooper, Patall y Robinson, es uno de los más relevantes al ser una investigación conducida entre 1987 y 2003, sobre cómo afectan a los resultados académicos.


El objetivo de esta investigación consiste en determinar el grado de relación existente entre los deberes y la mejora académica obtenida con su consecución, comparando los resultados con investigaciones previas. El documento completo puede encontrarse aquí, siendo una lectura interesante para conocer los detalles de la investigación.
Las conclusiones que saca es que, efectivamente, existe una correlación entre los deberes y la mejora académica, o lo que es lo mismo: es una tarea que influye en los resultados del chaval, si bien la mejora obtenida difiere según el curso observado de forma muy representativa: en estudiantes de primaria (6-11 años) los deberes afectan de forma negativa al rendimiento académico, con una relación pequeña pero significativa estadísticamente.

Por contra, en estudiantes de secundaria (12-18 años) sí se observa una relación positiva, con lo que el estudio plantea que los deberes mejoran las calificaciones finales. Las diferencias, asegura el texto, se pueden deber a múltiples factores entre los que se encuentra la capacidad de los chavales a encontrar o a obviar los estímulos necesarios para hacer estos deberes, a las capacidades de estudio (menos formadas en los más jóvenes).
Un punto clave cuando hablamos de esta cuestión es saber la cantidad óptima de ‘horas de deberes’ para conseguir el mejor resultado académico, un aspecto que sin duda es clave y al que este trabajo también alude. Antes mencionábamos la existencia una correlación entre los deberes y la mejora académica, pero han de darse una serie de circunstancias para ello: deberes sí, pero con tiempo muy limitado.
El estudio vuelve a dividir según franjas de edades, del siguiente modo:
  • 6-11 años: no existe un impacto positivo entre los deberes y los resultados académicos.
  • 12-15 años: lo ideal es mandar entre 7-12h/semana. Estudios con tiempos más amplios (13-20h) concluyen que no existen mejoras significativas en cuanto a lo aprendido por los chavales.
  • 16-17 años: a lo sumo, 2h/día; más no influye en los resultados académicos.
Obviamente, y como todas las investigaciones con base científica, estos datos ofrecen resultados generales y cada individuo como particular puede necesitar diferentes tiempos de deberes, según múltiples aspectos como la región (no es lo mismo un europeo que un americano o un asiático), la edad o el contexto familiar y social.
También es importante mencionar que el estudio asegura la posibilidad de que los deberes pueden tener una efectividad nula o, peor aún, contraproducente si se excede en la cantidad ordenada.
Junto con este trabajo de Cooper, Patall y Robinson, existen decenas de publicaciones de referencia en el ámbito de la investigación científica, como Visible Learning: A Synthesis of Over 800 Meta-Analyses Relating to Achievement de John Hattie, un libro publicado 2009 que referencia a cientos de investigaciones previas sacando sus propias conclusiones y remarcando una afirmación muy interesante:
It is also clear that, yet again, it is the differences in the teachers that make the difference in student learning. Homework in which there is no active involvement by the teacher does not contribute to student learning, and likewise the use, or not, of technologies […] does not show major effects on learning if there is no teacher involvement.
O en otras palabras, lo que realmente influye en la educación de los chavales es un buen docente, y no una carretilla de deberes todos los días.
Junto a estos dos trabajos pueden encontrarse cientos más, con mayor o menor importancia en el contexto científico. En general, la mayoría de ellos afirman la necesidad de un cambio en el modelo de los deberes del colegio/instituto, aludiendo ya sea al reducido impacto en el rendimiento de los estudiantes o a la posibilidad, incluso, de eliminarlos por completo y utilizar el tiempo reservado para ellos en “otras actividades más productivas”.
Los deberes según la OCDE
La OCDE presenta todos los años los informes PISA, en algunos casos muy criticados por parte de los profesionales de la educación pero que sirven como medida general del estado de la materia de forma global. Y junto con los informes PISA, la OCDE también ha tratado en múltiples ocasiones la cuestión de los deberes.

En Quartz hablan de uno de estos estudios, de 2014 (el MECD tiene una copia en español), formado sobre adolescentes de 15 años y en el que vuelven a indicar la existencia de una correlación positiva en muchos países, con la que concluir que los deberes son positivos para los resultados en el apartado matemático de los informes PISA. Sin embargo, también asegura que existen otras variables que forman parte de la ecuación, y no sólo los deberes, y cuyo impacto es mayor en las calificaciones: la relación estudiante-profesor, las tutorías personalizadas o el propio sistema educativo de cada nación, también influyen en la puntuación final de cada nación. Los deberes afectan, pero más lo hacen otros parámetros escolares.
También es importante remarcar que, según la OCDE y tal y como reseñan en El Periódico, los deberes contribuyen a la desigualdad escolar y marcan aún más las diferencias sociales y económicas de los estudiantes y sus familias, debido — principalmente — a la ayuda de los familiares en su realización. No sólo es por el rendimiento académico, también estas otras cuestiones se ven influenciadas por los deberes. “Un estudiante socioeconómicamente desfavorecido en España tiene tres veces más probabilidades de tener malas calificaciones”, tal y como remarca El Mundo con datos del último informe de la OCDE fechado en febrero de 2016.
La realidad de los deberes
Nadie puede ocultar que el debate alrededor de los deberes continúa muy caliente en todo el mundo, y por parte de toda la comunidad académica. ¿Son buenos o malos los deberes?


 La respuesta definitiva es difícil de dar, pues existen múltiples variables que afectan a la cuestión planteada. Opiniones hay para todos los gustos, pero si nos centramos en las investigaciones científicas, la primera conclusión que podemos sacar es que depende mucho de la edad de los chavales.
En los más jóvenes (aproximadamente hasta los 12 años) los deberes aportan poco o nada, y pueden ser incluso contraproducentes a su formación. Causar estrés, ansiedad y desgana en los chavales, y en el medio/largo plazo también llegar a producir el fracaso escolar tan temido por la sociedad.
Por contra, entre los 12 y los 17 años el impacto de los deberes es positivo y existe una correlación con los resultados académicos, pero estos deberes han de ser propuestos en una cantidad limitada de tiempo. El punto óptimo se encuentra entre 1 y 2 horas al día, a lo sumo; más allá de las dos horas no sólo pierden el efecto sino que también pueden resultar contraproducentes para la formación y la educación.
De nuevo, debemos indicar que estos casos son el promedio de las diferentes investigaciones estudiadas y que existen casos particulares, según diversas variables sociales, cognitivas u otras. Habrá chavales que con 30 minutos tengan suficiente, y otros que necesiten manejar 3 o 4 horas diarias.
La innovación aplicada a los deberes
¿Y cómo podemos cambiar esta situación? La respuesta rápida es moderando la cantidad de deberes, o aplicar una carga de trabajo realista que compatibilice las horas de colegio o instituto junto con tiempo libre para jugar, descubrir u otras labores. Una conocida campaña en vídeo lanzada en España trató hace unos pocos meses esta cuestión:

<div class="player-unavailable"><h1 class="message">Se ha producido un error.</h1><div class="submessage"><a href="http://www.youtube.com/watch?v=eo1JyMp5pKk" target="_blank">Prueba a ver el vídeo en www.youtube.com</a> o habilita JavaScript si estuviera inhabilitado en el navegador.</div></div>

Que los deberes sean acertados y, sobre todo, que no sean abusivos en el tiempo necesario para completarlos, parecen ser las dos claves de unos “buenos deberes”. Y a través de las herramientas tecnológicas y la innovación podemos acercarnos a este punto.
Hacer uso de redes sociales educativas y aulas virtuales es una buena idea para potenciar deberes que tengan una repercusión positiva para los chavales. Comunicarse a través de herramientas digitales, añadir contenido multimedia o recursos adicionales, o hacer uso de la Flipped Classroom —en la que los alumnos aprenden en casa y practican lo aprendido en clase— son sólo algunas ideas sobre las que hemos hablado.

La gamificación puede ser otra opción interesante, ya que permite incentivar a los alumnos a través de la innovación y añadir una dosis de juego al proceso de aprendizaje, ya sea a través de herramientas externas (tipo Kahoot o los pines de Edmodo) o con pequeños premios que potencien el refuerzo positivo al alumno. Lógicamente, cualquiera de estas medidas han de estar personalizadas a la variedad del aula, tanto según edad como teniendo en cuenta la personalidad o los elementos sociales del conjunto.
Sea como fuere, ahí fuera existen muchos recursos disponibles “a un golpe de Google”, con consejos y recomendaciones para dar un pequeño pasito y mejorar el mundo de los deberes. Por aquí hay uno, aquí un segundo y por aquí 23 millones de páginas más. La OCDE afirma que entre 2003 y 2012 el tiempo destinado a los deberes se redujo en 31 de los 38 países contemplados, y este parece ser el camino que las investigaciones marcan que hay que recorrer.
Parece que con menos deberes, mejores deberes y aprovechando las posibilidades que las nuevas tecnologías y la innovación nos proponen podemos mejorar esta situación que tanto incomoda tanto a estudiantes como a profesores y también padres.

viernes, 26 de febrero de 2016

El cerebro se nutre de amor




El cerebro se nutre de amor


Los niños necesitan sentirse queridos para desarrollar todo su potencial intelectual y emocional



Los niños más felices y equilibrados son aquellos que han sido cogidos en brazos, acunados, cantados, besados y cuidados con ternura por sus padres. Eso es algo que, por intuición, ya sabíamos. Pero es que ahora, además, la neuropsicología ha conseguido demostrar que el cerebro del niño también necesita de ese amor para desarrollar todo su potencial intelectual y emocional. Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres, lo expresa con estas palabras: «Los padres que deseen potenciar el desarrollo cerebral de sus hijos deben ofrecerles contacto físico (abrazos, besos, caricias...) y expresarles cariño y reconocimiento con frecuencia. Que jueguen y conversen con ellos, sin prisas. Que refuercen sus comportamientos positivos y, desde luego, que les pongan límites de una manera consistente».
En definitiva, un clima de afecto y comunicación no es incompatible con el establecimiento de unas normas que orienten el comportamiento de los hijos. Según se den estas variables en mayor o en menor medida, se distinguen cuatro estilos educativos:
Padres de estilo democrático: afecto con normas.
? En la relación entre padres e hijos hay altas dosis de afecto y comunicación, y un clima estable y seguro. Son padres que delimitan con claridad cuáles son los derechos y deberes de sus hijos, de modo que saben cuáles son las normas y las consecuencias de no cumplirlas.
? Son niños independientes, curiosos, con buenas habilidades sociales y seguridad en sí mismos.
Padres controladores y autoritarios: castigo antes que diálogo.
? Son padres muy exigentes y severos, el cumplimiento de las normas es la prioridad. Hay poca demostración de cariño y afecto.
? Suelen ser niños que muestran su agresividad y frustración fuera de casa (en el colegio, por ejemplo), y que llegada la adolescencia se rebelan contra las normas impuestas.
Padres permisivos y muy afectivos: niños impulsivos y caprichosos.
? Son padres que mantienen un nivel de control bajo pero una afectividad muy alta. Dejan libertad a sus hijos para autorregular su conducta de forma natural, esperando que la madurez propia del desarrollo sea la solución para cualquier dificultad que pueda surgir.
? Pueden ser niños impulsivos, inmaduros y caprichosos.
4. Padres poco afectivos y poco controladores: el peor modelo.
? Son padres muy poco implicados en la educación de sus hijos, quizá porque hay asuntos que para ellos tienen mayor prioridad en sus vidas (el trabajo, las relaciones de pareja...) o simplemente por negligencia. Los hijos crecen sin normas y, lo que es peor, sin el apoyo afectivo necesario para su equilibrio emocional.
? Son niños inestables emocionalmente, con dificultades para interiorizar las normas, que tienden a la desobediencia. Las carencias afectivas que han sufrido en la infancia supondrá un lastre para su desarrollo personal, social e intelectual.
Decálogo del hijo feliz
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria publicó el siguiente decálogo para conseguir una infancia feliz:
  1. Exprésale tu amor incondicional, a cualquier edad, con palabras, sonrisas, gestos, abrazos, caricias...
  2. Cuida de su salud y ayúdale a crecer sano desde el punto de vista físico (alimentación equilibrada, actividad física moderada, sueño suficiente, higiene...) y emocional (enseñándole a poner nombre a sus sentimientos, ayudándole a gestionar su ira, tristeza, miedo...).
  3. Dedícale tiempo cada día. Juega y disfruta con él, sin dirigir demasiado sus gustos o preferencias. Asegúrate de que tenga suficiente tiempo de ocio y de que practique actividades al aire libre y en la naturaleza.
  4. No te preocupes en exceso por sus necesidades materiales. El tiempo que le dediques, la educación y los valores que le transmitas serán tu mejor herencia.
  5. Educa con cariño. Valora su esfuerzo, aunque se equivoque. Fíjate más en sus logros y habilidades que en su puntos débiles.
  6. Ponle normas que pueda y deba cumplir: pocas, claras y adaptadas a su edad.
  7. Fomenta su autonomía desde pequeño para las actividades cotidianas, como vestirse, lavarse o comer. No le des todo hecho. Es bueno que poco a poco vaya teniendo sus responsabilidades.
  8. Escúchalo y dialoga con él. Muestra interés por su mundo, adáptate a los cambios normales de cada edad y acéptalo y valóralo tal y como es: único y diferente a los demás.
  9. Déjale ser niño. No le hagas partícipe antes de tiempo de las preocupaciones de los adultos. Pero tampoco le ocultes los hechos importantes de la vida. Enséñale y ayúdale a entender que la enfermedad, el dolor o la muerte existen y forman parte de ella.
  10. Favorece las relaciones con la familia y los amigos. Lo acompañarán a lo largo de su vida. Ayúdale a ponerse en el lugar de los otros. Aprenderá a convivir y a amar.
Escuela de padres
Tema del mes: Los vínculos afectivos
Etapa: Infancia y adolescencia
La frase: «Poner un límite a nuestros hijos es un gesto de amor al igual que lo es dar un beso» (Álvaro Bilbao).
Comportamientos que evitar: Resolverles sus problemas, evitándoles cualquier preocupación, en vez de dejarles que sean ellos mismos los que se enfrenten a los retos de la vida.
Algunas claves: Potenciar la seguridad afectiva y la autoestima de los hijos no significa que les tengamos que decir que todo lo hacen bien ni hacerles creer que son infalibles. Enseñarles a tolerar la frustración es fundamental.
Para saber más: Entrevista al neuropsicólogo Álvaro Bilbao sobre «El cerebro del niño explicado a los padres» en el programa de La 2 «La aventura del saber»: