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viernes, 26 de febrero de 2016

El cerebro se nutre de amor




El cerebro se nutre de amor


Los niños necesitan sentirse queridos para desarrollar todo su potencial intelectual y emocional



Los niños más felices y equilibrados son aquellos que han sido cogidos en brazos, acunados, cantados, besados y cuidados con ternura por sus padres. Eso es algo que, por intuición, ya sabíamos. Pero es que ahora, además, la neuropsicología ha conseguido demostrar que el cerebro del niño también necesita de ese amor para desarrollar todo su potencial intelectual y emocional. Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres, lo expresa con estas palabras: «Los padres que deseen potenciar el desarrollo cerebral de sus hijos deben ofrecerles contacto físico (abrazos, besos, caricias...) y expresarles cariño y reconocimiento con frecuencia. Que jueguen y conversen con ellos, sin prisas. Que refuercen sus comportamientos positivos y, desde luego, que les pongan límites de una manera consistente».
En definitiva, un clima de afecto y comunicación no es incompatible con el establecimiento de unas normas que orienten el comportamiento de los hijos. Según se den estas variables en mayor o en menor medida, se distinguen cuatro estilos educativos:
Padres de estilo democrático: afecto con normas.
? En la relación entre padres e hijos hay altas dosis de afecto y comunicación, y un clima estable y seguro. Son padres que delimitan con claridad cuáles son los derechos y deberes de sus hijos, de modo que saben cuáles son las normas y las consecuencias de no cumplirlas.
? Son niños independientes, curiosos, con buenas habilidades sociales y seguridad en sí mismos.
Padres controladores y autoritarios: castigo antes que diálogo.
? Son padres muy exigentes y severos, el cumplimiento de las normas es la prioridad. Hay poca demostración de cariño y afecto.
? Suelen ser niños que muestran su agresividad y frustración fuera de casa (en el colegio, por ejemplo), y que llegada la adolescencia se rebelan contra las normas impuestas.
Padres permisivos y muy afectivos: niños impulsivos y caprichosos.
? Son padres que mantienen un nivel de control bajo pero una afectividad muy alta. Dejan libertad a sus hijos para autorregular su conducta de forma natural, esperando que la madurez propia del desarrollo sea la solución para cualquier dificultad que pueda surgir.
? Pueden ser niños impulsivos, inmaduros y caprichosos.
4. Padres poco afectivos y poco controladores: el peor modelo.
? Son padres muy poco implicados en la educación de sus hijos, quizá porque hay asuntos que para ellos tienen mayor prioridad en sus vidas (el trabajo, las relaciones de pareja...) o simplemente por negligencia. Los hijos crecen sin normas y, lo que es peor, sin el apoyo afectivo necesario para su equilibrio emocional.
? Son niños inestables emocionalmente, con dificultades para interiorizar las normas, que tienden a la desobediencia. Las carencias afectivas que han sufrido en la infancia supondrá un lastre para su desarrollo personal, social e intelectual.
Decálogo del hijo feliz
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria publicó el siguiente decálogo para conseguir una infancia feliz:
  1. Exprésale tu amor incondicional, a cualquier edad, con palabras, sonrisas, gestos, abrazos, caricias...
  2. Cuida de su salud y ayúdale a crecer sano desde el punto de vista físico (alimentación equilibrada, actividad física moderada, sueño suficiente, higiene...) y emocional (enseñándole a poner nombre a sus sentimientos, ayudándole a gestionar su ira, tristeza, miedo...).
  3. Dedícale tiempo cada día. Juega y disfruta con él, sin dirigir demasiado sus gustos o preferencias. Asegúrate de que tenga suficiente tiempo de ocio y de que practique actividades al aire libre y en la naturaleza.
  4. No te preocupes en exceso por sus necesidades materiales. El tiempo que le dediques, la educación y los valores que le transmitas serán tu mejor herencia.
  5. Educa con cariño. Valora su esfuerzo, aunque se equivoque. Fíjate más en sus logros y habilidades que en su puntos débiles.
  6. Ponle normas que pueda y deba cumplir: pocas, claras y adaptadas a su edad.
  7. Fomenta su autonomía desde pequeño para las actividades cotidianas, como vestirse, lavarse o comer. No le des todo hecho. Es bueno que poco a poco vaya teniendo sus responsabilidades.
  8. Escúchalo y dialoga con él. Muestra interés por su mundo, adáptate a los cambios normales de cada edad y acéptalo y valóralo tal y como es: único y diferente a los demás.
  9. Déjale ser niño. No le hagas partícipe antes de tiempo de las preocupaciones de los adultos. Pero tampoco le ocultes los hechos importantes de la vida. Enséñale y ayúdale a entender que la enfermedad, el dolor o la muerte existen y forman parte de ella.
  10. Favorece las relaciones con la familia y los amigos. Lo acompañarán a lo largo de su vida. Ayúdale a ponerse en el lugar de los otros. Aprenderá a convivir y a amar.
Escuela de padres
Tema del mes: Los vínculos afectivos
Etapa: Infancia y adolescencia
La frase: «Poner un límite a nuestros hijos es un gesto de amor al igual que lo es dar un beso» (Álvaro Bilbao).
Comportamientos que evitar: Resolverles sus problemas, evitándoles cualquier preocupación, en vez de dejarles que sean ellos mismos los que se enfrenten a los retos de la vida.
Algunas claves: Potenciar la seguridad afectiva y la autoestima de los hijos no significa que les tengamos que decir que todo lo hacen bien ni hacerles creer que son infalibles. Enseñarles a tolerar la frustración es fundamental.
Para saber más: Entrevista al neuropsicólogo Álvaro Bilbao sobre «El cerebro del niño explicado a los padres» en el programa de La 2 «La aventura del saber»:





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