Normalmente existen dos tipos de motivación que conviene
explicar y diferenciar:
- La que se basa exclusivamente en procedimientos externos
al individuo: alabanzas, reproches, premios, castigos, etc. Estos
procedimientos no tienen relación natural con la tarea que pretenden estimular.
Se trata de una estimulación artificial y desde fuera: es una motivación
extrínseca.
- Cuando se da una relación natural entre la tarea que se
espera y el estímulo, se produce una motivación intrínseca. Así tenemos que un
estudiante que desea escribirse con amigos de su edad y decide leer mucho para
mejorar su ortografía y no cometer faltas escribiendo las cartas, tiene una motivación
intrínseca, pues el motivo para estudiar nace de una necesidad
interior. Esta motivación recibe el nombre técnico de MOTIVACIÓN DE LOGRO.
La mayoría de los psicólogos y pedagogos coinciden en
afirmar que las motivaciones intrínsecas son más recomendables que las
extrínsecas, porque:
Suelen enlazar con valores de nivel superior al de
divertirse o el tener una cosa.
Responden a convicciones propias, por lo que mantienen el
interés en el tiempo.
Todos los estudiantes con éxito académico manifiestan
dosis mayores de motivaciones intrínsecas.
Podemos concluir que para triunfar en los estudios, y, por
ende, en la vida misma, funcionar con motivaciones intrínsecas nos ayudará a
conseguir dichas metas. Sin embargo, cada una de las dos motivaciones juega un
papel necesario según las edades de los estudiantes. En las más tempranas
edades no pueden utilizarse las motivaciones intrínsecas, debido a la ausencia
de vivencias de valores susceptibles de convertirse en motivos propios. En
estos momentos, los incentivos externos son muy bien aceptados por los niños,
jugando un papel importante en las primeras fases de una futura motivación de
logro. A partir de los 8-9 años empieza a tener sentido la motivación
intrínseca, que será la fundamental, aunque no la exclusiva, de la
adolescencia.
Fuente:C.E.I.P. Argantonio (Tharsis) Delegación Provincial de Huelva