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domingo, 12 de febrero de 2017

EL EFECTO MARIPOSA para la Educación Inclusiva.



EL EFECTO MARIPOSA para la Educación Inclusiva.

Con su especial visión y escritura, Raúl R. López, trata y reflexiona en este artículo sobre dos temas de actualidad: evaluación psicopedagógica y educación inclusiva. Dentro de estos dos ámbitos “clave” en la educación, podemos seguir perpetuando viejos planteamientos que provocan el diferenciación y aislamiento en el alumnado, o bien, empezar a transformar con pequeños pero importantes “gestos” nuestra visión de la escuela y, por tanto, también nuestra posición dentro de ella.
mariposas
“Mariposas”: Fotografía de Raúl R. López.
Dicen que sí y pareciera que sí, pero NO,
porque aceptar ese NO, es posicionarnos en la impotencia y en la consecuente inmovilidad del, primero el otro…
NO es necesario esperar a la desaparición de los etiquetamientos.
No es necesario contar con el consenso de todo un Centro.
No es necesario contar con el apoyo del Equipo Directivo.
Ni siquiera es necesario contar con todos y todas las docentes que trabajen con un mismo grupo/curso.
Tan solo con que un o una sola docente decida ponerse a ello, es suficiente para lograr que a largo, medio, e incluso a corto plazo, el Centro comience su verdadera transformación hacia la Inclusión. Porque nadie se lo va a poder impedir.
Ninguna normativa se lo impedirá, porque todas las normas son de menor rango que las Leyes de la Naturaleza –diversa- que son las Leyes del Hombre/Mujer, las de todo/s, Universales, aunque las hayamos olvidado.
Y ningún tipo de evaluación se lo impedirá, porque la ilusión, la motivación, la convivencia y los resultados académicos, mejoran con las metodologías inclusivas en todo el alumnado, tal y como lo demuestra la experiencia y reiterativamente (muda casi siempre, porque nadie sabe dónde leerlas, e inescuchadamente siempre) cada investigación que sobre ello se realiza desde cualquier universidad.
Tampoco es necesario que todas las orientadoras y orientadores creamos en la Educación Inclusiva.

La propuesta.

BASTA (tenemos que decir BASTA a muchas cosas los orientadores y orientadoras) con que algunas/os nos pongamos en acción, para primero aprender (primero des-aprender)… Porque hay poca o ninguna formación en pedagogías inclusivas en los psicólogos/as, psicopedagogos/as, e incluso en los pedagogos/as (!!). Sólo se aprende lo que se vive y re-transmitimos la uniforme metodología que en su momento vivenciamos nosotros/as mismos/as como alumnos/as (en el colegio, instituto y universidad).
Tras nuestra formación (formación, autoformación, o mejor colectivamente en “grupos ad-hoc”), apoyar a aquel o aquella docente, quizás única persona en su escuela, colegio o instituto, que quiso lanzarse hacia la libertad de su profesión.
El asesoramiento no se realiza entonces desde la pseudoentrega de supuestos útiles (pero recibidos como teóricos, utópicos, descontextualizados…) excelentes informes psicopedagógicos, ni desde el seguro inútil (o peor, dañino) etiquetamiento; sino que se inicia desde (el riesgo de) nuestra propia entrega real a compartir en el aula, durante al menos una hora a la semana con el docente que sí lo quiera, para atravesar junto con él/ella, ese supuesto común inicial, no saber.
Entrar con el/la docente en su aula, es el único modo de obtener nuestra propia experiencia vital que nos permitirá verdaderamente transmitir; porque al igual que es difícil que un profesorado universitario sin experiencia con niños/as como maestro/a, pueda enseñar a ser maestro, también es difícil que un/a orientador/a sin vivencias en el aula, pueda asesorarles en cómo trabajar en ella.
Así, ese tiempo compartido de aprendizaje (mutuo) en el aula y en las posteriores reuniones periódicas colectivas, permitirá al docente desbloquear su creatividad y saber hacer… Ello gracias a que está contigo, o/y con otro compañero/a, a que no está sólo en definitiva (si uno se cree sola o solo, nadie puede), y toma conciencia de que está ligado y es, pieza importante de un sistema sano, no sólo para el otro y para la sociedad, sino también para sí mismo/a… Brota así (siempre brota), la ilusión frente a ese tan habitual sentirse quemado del compañero/a de al lado.
Es así, como la experiencia muestra que “ese aula”, se va poco a poco transformando en un aula diferente y diversa, es decir real, convirtiéndose en un aula que irradia luminosamente (las sonrisas son luminosas), que llama la atención y atrae a algún o algunos otros/as compañeros/as…
A pesar de lo pequeño del gesto inicial realizado (un solo docente, una sola hora), tal y como ocurre con la pequeña mariposa que da ese primer aleteo, acaba ofreciendo la amorosa brisa (lo inclusivo resulta siempre amoroso porque fluye con el natural sentido de la vida) que nutre a toda la Comunidad Educativa.
Sobre El Efecto Mariposa leo en Wilkipedia:
Si en un sistema se produce una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande a corto o mediano plazo. Su nombre proviene de las frases “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” (proverbio chino) o “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tornado al otro lado del mundo”, así como también “El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo” (…) A largo plazo el mundo con la mariposa y el mundo sin la mariposa acabarán siendo muy diferentes.

Raúl R. López Reyes

FUENTE:http://orientapas.blogspot.com.es/

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