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martes, 1 de octubre de 2013

EVOLUCION DE LAS HABILIDADES MOTRICES BÁSICAS.



EVOLUCION DE LAS HABILIDADES MOTRICES BÁSICAS.

El desarrollo motor, se refiere a los cambios producidos con el tiempo en la conducta motora que reflejan la interacción del organismo humano con el medio. Éste forma parte del proceso total del desarrollo humano. Tiene una gran influencia en el desarrollo general del niño (a) sobre todo en el período inicial de su vida.

Durante “la edad de bebé” (primer año y medio de vida, aproximadamente), los movimientos, en su origen, son masivos, globales e incoordinados y, pueden ser activados o inhibidos por las diferentes estimulaciones externas. La adquisición de la coordinación y de la combinación de los diferentes movimientos se realizará, progresivamente, durante su primer año de vida:
1. Boca-ojos, cabeza-cuello-hombros.
2. Tronco-brazos-manos.
3. Extremidades-lengua-dedos-piernas-pies.

Hacia los 4 meses todo lo que la mano coge es llevado a la boca y chupado por ser el lugar a través del cual el niño (a) “siente”. Además, como se ha señalado anteriormente, la boca y los ojos son los primeros órganos que adquieren coordinación.

Hacia los 5 meses todo lo visto se coge, y todo lo que se coge es mirado.

Hacia los 12 meses, cuando el niño (a) puede mantenerse en pie sin ayuda, aunque su equilibrio no sea perfecto, se produce una ampliación del campo visual y el niño (a) busca objetos, se mueve y empieza a ser propiamente activo.

Al principio, los movimientos son reflejos, incoordinados e inconscientes pero poco a poco el niño (a), a través de las experiencias, sobre todo por imitación, tiende a hacer suyas dichas experiencias y tener conciencia y coordinación de sus actos.

Entre 1 y 3 años de edad, la adquisición de la marcha asegura al niño (a) una movilidad que le libera del parasitismo motor inicial y le confiere un principio de independencia. Con esa movilidad amplia, cada vez más, su campo de experiencias y se caracteriza por una continua exploración del mundo que le rodea y que esta empezando a conocer realmente.


Más o menos a los 18 meses el niño comienza a corretear: los pasos se alargan y la separación de los pies se reduce; pero las vueltas son aún muy torpes. A esta edad ya empieza a subir una escalera, aunque sostenido, y a encaramarse a “cualquier” objeto.

A los 20 meses adquiere regularidad en los pasos y estabilidad en la marcha. La actitud emprendedora del niño (a) le hace marcase retos personales: “Ya que sé andar...” En esta edad el reto que se marca es la carrera.

A los 2 años el niño (a) camina con total soltura, incluso en las escaleras.

De los 2 a los 3 años progresa el automatismo de la marcha. Debido a la actitud emprendedora del niño (a) y tiende a intentar proezas superiores a sus posibilidades: transporte de objetos pesados o voluminosos, gran evolución en el “dominio” de la escalera y el correr.

Entre los 3 y los 4 años tanto la marcha como la carrera están perfectamente controladas. Entonces aparecen la marcha de puntillas y el salto, que señalan los progresos del equilibrio.

Durante todo este periodo también son destacables los progresos de la prensión y de la manipulación. Los movimientos se afinan, se diferencian, se coordinan y se lateralizan. El niño (a) está constantemente en movimiento: inventa, descubre, imita, repite, mejora sus gestos. De ahí surgen infinidad de juegos motores de muy diversa índole: salta, corre, abre y cierra cosas, lleva, tira, empuja, lanza, juega a la pelota.

La actividad motórica de los niños (as) de 3 a 6 años se caracteriza por la libertad, la soltura y la espontaneidad. La movilidad pierde ese carácter brusco e incoordinado y gana extraordinaria armonía. El niño (a) observa los movimientos de los demás y es capaz de imitarlos, sin análisis previo, con una total desenvoltura:


1. A los 3 años el niño (a) sabe correr, girar, montar en triciclo, echar el balón.

2. A los 4 años salta a la pata coja, trepa, se puede vestir y desnudarse solo, atarse los zapatos, abotonarse por delante. Los avances “manuales” también son destacables: uso de tijeras, mayor habilidad en el dibujo.

3. A los 5 años gana aún más en soltura: patina, escala, salta desde alturas, salta a la cuerda.

Entre los 5 y los 6 años se puede decir que el niño (a) puede hacer físicamente lo que quiere, siempre dentro de sus fuerzas y posibilidades.

4. Hacia los 6 años la espontaneidad, de la que ha hecho gala el niño (a) hasta esta edad, se desvanece. Ahora pretende demostrar sus habilidades, medirse, hacerse valer, en resumen, afirmarse. Se podría decir que en este punto el proceso de adquisición o formación de las habilidades motrices básicas tocaría a su fin pues como se ha dicho estas habilidades básicas ponen las bases a los movimientos más complejos y complementados (habilidades deportivas).

5. Entre 6 y 9 años, motóricamente hablando, el niño (a) se caracteriza por una actividad desbordante, una intensa expansión motriz, un movimiento continuo; siempre más fino, más diferenciado, más orientado y controlado que en las etapas precedentes. En esta etapa la fuerza y la coordinación crecen de un modo regular. Después, el desarrollo proseguirá en el sentido de la precisión y de la resistencia. Los juegos de equipo y las competiciones organizadas son las prácticas más comunes entre los niños a partir de esta etapa.

Como se ha visto, este proceso continuo de desarrollo de las habilidades motoras se produce en diversos grados a lo largo de los meses y años, y puede explicarse por el aumento de capacidad que acompaña al crecimiento y al desarrollo así como por ese proceso natural, no dirigido, que se produce por imitación, ensayo y error y libertad de movimiento. Ese progreso es más o menos independiente a la actitud, facilitadora o de impedimento. De todas formas una actitud facilitadora, según demuestran gran cantidad de pruebas, proporciona la oportunidad de aprender habilidades motoras antes de lo habitual con respecto a su edad.

Así pues, es muy importante el apoyo a este proceso natural, de no hacerse se corre el riesgo de perder la oportunidad de progresos de orden superior por falta de un desarrollo óptimo de habilidades motrices básicas.

La manipulación y control de las circunstancias que influyen en el desarrollo motor y en la adquisición de las habilidades motoras se denomina “intervención”. Su objetivo principal es evitar el retraso de las habilidades motoras intentando ajustar el progreso al momento justo en el que el niño (a) es capaz de mejorar, basándose en su desarrollo (que aunque se “marquen” unas etapas o estadios dentro del desarrollo del niño varían según cada niño en concreto). El problema principal de la intervención y el enriquecimiento consiste en determinar qué estímulos, en qué proporción y qué momento sería el propicio para ofrecerlos con el objetivo de un desarrollo motor óptimo.

El concepto de desarrollo óptimo de habilidades es amplio y depende del enfoque que se utilice al estudiar el movimiento.

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