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miércoles, 7 de marzo de 2012

Síndrome Asperger



AGATHA DE SANTOS El síndrome de Asperger, un trastorno encuadrado en el espectro autista, es un diagnóstico habitual en las consultas de neurología pediátrica –tiene una incidencia cercana al uno por ciento, según Óscar Blanco, neuropediatra del servicio de Pediatría del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (CHUVI)– y últimamente cada vez más presente en las series de ficción, aunque especialistas y padres de niños con Asperger, cuyo Día Internacional se conmemoró el sábado, coinciden en señalar que los modelos que muestran distan mucho de la realidad. Ser Asperger no significa necesariamente ser un genio como Sherlock Holmes o los populares doctores Sheldon Cooper, de Big Bang, y Gregory House, ni su dificultad para comprender las convenciones y las etiquetas sociales es tan fácilmente excusada por los demás.

Bromas. Es más, estas personas son en numerosas ocasiones blanco de bromas y acoso escolar, tal y como denuncia María Lores, tesorera de la Asociación Galega de Familias de Personas Afectadas por el Síndrome de Asperger (ASPERGA) y madre de un adolescente con este trastorno severo del desarrollo. Lores reconoce que el Asperger parece estar de moda en las series de ficción, aunque entiende que mostrarlo de una forma natural contribuye a visibilizar un síndrome que, a pesar de su alta frecuencia, es un gran desconocido, no solo por la sociedad en general, sino también por muchos médicos. «Estos niños no entienden el mundo en el que viven y no son capaces de aprender las normas sociales de una forma natural. Son muy lógicos y no entienden los dobles sentidos, por eso relacionarse les genera un gran estrés. Además, suelen presentar torpeza motora, por lo que son víctimas de burlas y acoso escolar», explica Lores.

El Asperger es un síndrome en el que existe una alteración cualitativa de la interacción social, como puede ser un notable deterioro en múltiples comportamientos no verbales –contacto visual, expresión facial y gestos que regulan la interacción social–, o bien una incapacidad para desarrollar relaciones apropiadas para el nivel de desarrollo, falta de búsqueda espontánea para compartir disfrutes, intereses o logros con otras personas, falta de reciprocidad social o emocional y presencia de patrones restringidos, repetitivos y estereotipados de conductas, intereses y actividades. Así resume el neuropediatra Óscar Blanco este trastorno, descrito por primera vez en 1944 por Hans Asperger, un psiquiatra y pediatra austriaco.

«Todas estas alteraciones producen un deterioro clínicamente significativo del área social, laboral y de otras importantes áreas de funcionamiento», añade el especialista, que asegura que su incidencia está infravalorada. «Afecta a cerca del uno por ciento de la población», añade.

Mirada fija. Uno de los rasgos que caracteriza a estos afectados es su dificultad para mantener la mirada fija en su interlocutor. En este sentido, Lores añade: «Son personas que no te miran a los ojos cuando te hablan y que tampoco entienden el lenguaje de los gestos ni el doble sentido. Se toman todo en el sentido literal de la palabra». También reconoce la obsesión que desarrollan muchos por determinados temas. «Si este coincide con el trabajo que desarrollan no es de extrañar que sean brillantes, aunque de pequeños pueden resultar pedantes», afirma.

El Asperger además, suele cursar con otros trastornos, como el hiperactivismo y el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, lo que retarda el diagnóstico, que es fundamental para acometer terapias para mejorar las habilidades sociales de los afectados. «El diagnóstico se alarga y muchas familias tienen que acudir a la sanidad privada, algo que no todas pueden asumir. Igual que la terapia, que no incluye el Sistema Nacional de Salud y cuyo coste tenemos que asumir las familias», se lamenta.

Fuente:La Opinión de Malaga

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