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jueves, 12 de enero de 2012

El uso eficaz de los reforzadores

El uso eficaz de los reforzadores.
1. Una recompensa ó refuerzo es más eficaz cuando se administra enseguida después de la conducta que queremos reforzar. Especialmente cuando se trata de niños pequeños, las promesas y refuerzos a largo plazo son poco eficaces para estimular el aprendizaje.

2. En las primeras fases del aprendizaje, el reforzador debe aplicarse de forma continua, es decir, cada vez que el niño manifiesta la conducta que queremos implantar.

3. En los primeros momentos es importante que al niño le sea fácil obtener el reforzador con el fin de que se implique más en la realización de la conducta. Por tanto, es preciso que consiga mucho refuerzo con muy poca conducta.

4. Una gran parte de los comportamientos que queremos enseñar a nuestros hijos y alumnos son conductas complejas, es decir, se componen de pasos distintos (p.e. lavarse los dientes, vestirse solo, aprender a leer, etc.). En estos casos, y para que se aprenda mejor, no conviene esperar a que la conducta se dé en su totalidad, sino que es mejor reforzar cada uno de los pasos de que se compone.

5. Una vez que la conducta está aprendida y se da con cierta frecuencia, conviene dejar de reforzarla de forma continua y pasar a reforzarla de forma intermitente. Es decir, no todas las veces que se da la conducta, tan sólo cada “equis” veces ó cada cierto tiempo. De esta forma, la conducta se consolida mejor, porque el sujeto no sabe cuándo va a aparecer el reforzador y, por tanto, sigue emitiendo la conducta con la esperanza de que éste aparezca.

6. Todos, tanto los niños como los adultos, necesitamos el refuerzo y la aprobación de los otros. Si un niño no recibe refuerzo ó éste es insuficiente, manifestará alteraciones y deficiencias en su conducta, desarrollo y adaptación al medio.

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