Debemos aprender la lección de que no hay niños idénticos entre sí, ni aprenden en el mismo momento ni de la misma manera.

La vida es diversidad, por lo que educar y aprender para la diversidad es educar y aprender para la vida. Los profesionales de la educación debemos apostar por la educación inclusiva.

El pasado 17 y 18 de enero se celebró en la casa consistorial de la ciudad de Praga la Exchange of experience conference “It is not too late”, congreso sobre educación inclusiva al que fui invitado como investigador en el marco del Proyecto PAL sobre la lucha contra la discriminación y el antigitanismo en los ámbitos de la educación y el empleo.
El congreso brindó la oportunidad de conocer (y aprender de) una gran variedad de buenas prácticas en torno a la educación inclusiva en diferentes países de la Unión Europea. De él me llevo muchas cosas. La necesidad de luchar contra todo tipo de discriminación (de etnia, de género, de clase…) o de aprender a romper con estereotipos que pueden desembocar en tener menores oportunidades de acceso a la educación o al empleo, llevando incluso a situaciones de exclusión social.
La vida es diversidad, por lo que educar y aprender para la diversidad es educar y aprender para la vida. Los profesionales de la educación debemos apostar por la educación inclusiva, acorde con los principios de aceptación por parte de la sociedad que les rodea, de integración de aquellos en riesgo de exclusión y de participación activa de los mismos. Si no se cuenta con ellos para participar de la sociedad y aprender juntos, no hay inclusión posible. Centrando la cuestión en el contexto español, creo que una inmensa mayoría de nuestras escuelas carecen de herramientas para hacer efectiva esa educación inclusiva.
Escuchando a los ponentes me acordaba de díde FamiliaDebemos aprender la lección de que no hay niños/as idénticos entre sí. Debemos entender que todos/as son diferentes. Con herramientas como díde, las familias podrán saber si es conveniente acudir a un profesional orientador educativo o no para que éste elabore el diagnóstico pertinente; podrán coordinarse mejor con los maestros o profesores de sus hijos/as; y también dispondrán de pautas de actuación y orientación cuando se hayan detectado dificultades.
“Si enseñamos a los niños a aceptar la diversidad como algo normal, no será necesario hablar de inclusión sino de convivencia”. Daniel Comín, de Autismo Diario
En fin, necesitamos mecanismos para hacer posible la igualdad de oportunidades, para que todos y todas encontremos nuestro lugar en la sociedad, y que ese lugar responda, en la medida de lo posible, a nuestros intereses y a nuestras capacidades. díde es uno de esos mecanismos. La verdad es que es de aplaudir cualquier iniciativa que contribuya a dar pasos para hacer posible la educación inclusiva y aprender del respeto por la diferencia y la diversidad, y si ésta puede salir de las propias familias y empoderarlas, todavía más.
Transformemos juntos las diferencias en oportunidades.

Víctor Soler

Doctor en Sociología de la educación at Grupo VS