
De un vistazo
- No todo tipo de estrés es malo. También hay estrés que es bueno.
- Los problemas y temores pueden generar estrés en los chicos que tienen dificultades de aprendizaje y de atención.
- Recordar las cosas que hizo bien puede ayudar a su hijo a sentirse más seguro de sí mismo y en control.
Cuando alguien dice que está estresado, por lo general no es algo positivo. Pero el estrés no siempre es malo. También existe el estrés bueno. Y este puede ayudar a los chicos con dificultades de aprendizaje y de atención a enfrentar sus problemas, resolverlos y desarrollar la confianza en sí mismos.
Conozca la diferencia entre el estrés bueno y el malo, y cómo pueden afectar a su hija.
Tipos de estrés: bueno, tolerable y malo
La naturaleza nos dio la habilidad de identificar el peligro y responder a él. Cuando enfrentamos situaciones peligrosas, nuestros cuerpos y cerebros reaccionan preparándose para “luchar o huir”. Pero no nos gusta permanecer mucho tiempo en ese estado. Nos gusta enfrentar rápido el peligro para así poder volver a sentirnos a salvo.
La habilidad de nuestro cuerpo para enfrentar el estrés nos ayuda a hacer justamente eso. Nuestro sistema de respuesta al estrés hace que nuestro cerebro y cuerpo estén listos para enfrentar los contratiempos y resolverlos. Y cuando los resolvemos, nuestro cerebro “se siente bien” y recuerda nuestros éxitos.
El estrés bueno ocurre cuando enfrentamos una situación que creemos podemos manejar o controlar. Este es un ejemplo:
Una niña está manejando su bicicleta usando solo una mano al bajar una colina. Cuando ve un bache en el camino se siente estresada e instintivamente coloca la otra mano en el manubrio.
En menos de un segundo, su cerebro pasa a la función de supervivencia. Le dice a su corazón que bombee sangre hacia sus piernas, su visión mejora un poco porque sus pupilas se abren para que entre más luz y está lista para la acción evasiva. Esquiva el bache y continúa sin incidentes el resto del camino.
En este caso, ella resolvió rápidamente la situación de peligro sin problema. Fue un estrés bueno que la ayudó a superar el obstáculo porque confió que podía hacerlo.
El cerebro adora el éxito y almacenará el recuerdo de ese evento. La próxima vez que esta niña enfrente una situación peligrosa, este recuerdo positivo la ayudará a lidiar con ella. El estrés bueno nos fortalece y nos prepara para afrontar nuevos desafíos.
Sin embargo, en breve la niña enfrenta un nuevo peligro. Repentinamente empieza a llover muy fuerte y se forman grandes charcos en el camino. Agarra con fuerza el manubrio. En esta ocasión siente un nivel de estrés mayor porque el peligro ha aumentado y dura más tiempo. Aun así, confía que llegará a casa a salvo.
¿A qué se debe? Ella ha estado antes en situaciones como esta y ha salido airosa. Sabe que tiene la habilidad de hacerlo de nuevo y eso la hace sentir confiada. Está experimentando un estrés tolerable. Y la próxima vez que enfrente un problema parecido, es más probable que esté lista para afrontarlo.
Pero ahora la situación está cambiando de nuevo, empeorando. La lluvia está arreciando. Hay rayos, no ve bien y gira en dirección equivocada.
Nunca había manejado su bicicleta en condiciones tan terribles. Así que no tiene la experiencia de haberlo resuelto. No se siente capaz, ni a salvo. De hecho, está aterrorizada.
Este es un estrés malo y es tóxico. Ocurre cuando nos encontramos en una situación amenazante que persiste y no creemos que seamos capaces de superarla.
El estrés malo debilita la confianza en nosotros mismos y nos hace cuestionar nuestra habilidad. Al llegar a ese punto, la niña deja caer su bicicleta en el lodo y corre hacia su casa tan rápido como puede. Algo similar puede ocurrirle a los chicos en la escuela.
Chicos con dificultades de aprendizaje y de atención y el estrés malo
Los chicos con dificultades de aprendizaje y de atención a menudo enfrentan retos que no pueden resolver con rapidez. Y debido a ello, el temor a fracasar persiste y puede hacerlos propensos a experimentar estrés malo.
Imagine una estudiante de bachillerato con discalculia que tiene que cursar matemáticas este año. Pero dadas sus experiencias previas, siente que está más allá de su capacidad.
Al enfrentar este “peligro” constante, ella está en estado de estrés crónico. En lugar de decir, “sé que puedo” o “creo que puedo”, dice, “imposible que pueda”.
Este tipo de situación puede desencadenar una reacción de temor que activa todo tipo de alarmas de supervivencia en el cerebro. Aparece el miedo, se siente abrumada e intenta escapar. Como la chica que abandonó su bicicleta en el lodo, esta estudiante de matemáticas se bloquea en clase, deja de hacer su tarea y no pide ayuda.
Sin embargo, no tiene necesariamente que ser así.
Por qué el apoyo es lo que hace la diferencia entre el estrés bueno y el malo
Cuando los chicos creen que pueden manejar la tarea de leer, un libro nuevo puede ser como una aventura. Puede que encuentren nuevas palabras o que el libro sea más largo de lo común. Pero los lectores que se sienten seguros ven estos factores estresantes como retos que dominarán.
Pero, ¿qué sucede con la estudiante que tiene dislexia o TDAH y se le ha asignado cursar la asignatura “gran literatura”? Ella sabe que probablemente será un camino largo y lleno de obstáculos.
Eso no necesariamente significa que experimentará estrés malo. El nivel de estrés que sienta dependerá de su experiencia pasada.
¿Cómo puede ayudar a su hija a vencer el estrés que le causa la escuela? Un experto sugiere “reforzar las aptitudes”. Averigüe cómo.
Si ha tenido apoyo y ha enfrentado retos parecidos, podría experimentar un estrés tolerable en lugar de un estrés malo. Probablemente piense, “lo he hecho bien anteriormente y puedo hacerlo de nuevo”.
Esta estudiante sabe por experiencia que puede acudir al maestro del centro de aprendizaje y pedir ayuda. Podría usar libros grabados o incluso mirar versiones en video de los libros.
Al haber tenido apoyos que la ayudaron a superar retos similares, se siente bastante segura de que será capaz de aprobar ese curso y aprender mucho. Quizás, ¡hasta puede que lo disfrute! Y si lo hace, su éxito la acompañará en el siguiente reto.
Cómo puede ayudar con el estrés malo
Mientras más apoyo tenga su hija y aprenda más cómo ayudarse a ella misma, mejor podrá manejar los obstáculos. Mientras más éxito tenga, más confiada y en control se sentirá. Cuando los chicos se sienten exitosos, no experimentan estrés malo.
Estas son algunas cosas que usted puede hacer para ayudar a su hija a sentirse capaz y evitar el estrés malo:
- Ayúdela a completar hojas con actividades de autoconsciencia. Ser consciente puede ayudarla a ver los “baches” en el camino y estar lista para esquivarlos. Si ella puede describir sus dificultades, también puede decir lo que ha aprendido a hacer para salir adelante.
- Entienda los factores comunes de estrés que los chicos con dificultades de aprendizaje y de atención enfrentan a menudo. Saber dónde y cómo su hija está teniendo problemas puede ayudarlo a anticipar cuáles serán los obstáculos y presentar estrategias para manejarlos.
- Conozca en qué se diferencia la ansiedad del estrés. El estrés crónico puede generar ansiedad, la cual es bastante común en niños que tienen dificultades de aprendizaje y de atención. Reconozca los signos de la ansiedad. Y no vacile en comunicarse con el médico de su hija si hay algo que lo preocupa.
Además puede descargar notas para poner en lonchera que fortalezcan la confianza de su hija en sí misma, y leer cómo dar elogios que aumenten la autoestima. Los niños que se sientes seguros de sí mismos no se sienten ansiosos con los deberes escolares. Ellos están listos para hacerlos y dicen “¡Vamos!”.
Puntos clave
- Mientras más apoyo tenga su hijo, más capaz se sentirá de enfrentar los retos.
- El estrés malo ocurre cuando los chicos piensan que no pueden resolver un problema.
- El éxito genera más éxito y hace sentir a su hijo en control.
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