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Elementos de gestión emocional



Elementos de gestión emocional

  1. Focalizar la emoción. Incrementar la conciencia de la emoción.

  2. Regular la emoción.

  3. Expresar la emoción.

  4. Reflexionar sobre las emociones.

  5. Transformar la emoción.

1.    Focalizar la emoción. Incrementar la conciencia de la emoción.

Sirve para poder simbolizar a propia emoción en palabras y para percibir las expresiones emocionales de los demás. Es tanto autoconocimiento emocional como conciencia social.
Es el primer paso de la gestión. Muchos problemas surgen de no detectar con una precisión adecuada las propias emociones y por lo tanto de no saber con exactitud qué nos sucede ni cómo estamos reaccionando a las situaciones.
Poner en palabras la emoción revela el mundo interno, tanto a uno mismo como a los demás y cambia la propia percepción.
No se trata sencillamente de hablar de las emociones, sino que se trata de hablar desde las emociones. Esto significa una mayor conexión con uno mismo, con la propia manera de sentir. De este modo se proporciona una comunicación más profunda, más real, es decir, más adecuada a lo que nos sucede y, por ello, más auténtica. Todo esto posibilita la realidad de un encuentro más profundo.
Este hacerse sensible a las propias emociones y a las de los demás, lleva consigo superar barreras sociales y defensas que habitualmente interponemos ante los demás.
Hay 3 modos en que la toma de conciencia de la emoción actúa (Greenberg)
  1. Promover más conciencia de las propias emociones nos posibilita ser más conscientes de las poco intensas emociones vinculativas que se encuentran en toda relación, pero que quedan oscurecidas debajo del enfado o del rechazo. Ser capaces de hablar desde más abajo, desde nuestros vínculos reales y desde nuestra debilidad posibilita la recuperación de las relaciones. También nos lleva a ser conscientes de que las emociones secundarias tienden a alimentar los conflictos.
  2. Expresarnos desde lo profundo de nuestro ser, desde las emociones que se encuentran debajo, origina nuevos patrones de relación, ya que cambia el modo en que nos vemos, tanto a nosotros mismos como a los demás. Surge una persona más vinculada, más efectiva, con capacidad de relacionarse. Esto permite salir de los círculos negativos en los que nos introducen las emociones secundarias de mayor intensidad, como enfado y vergüenza cuando lo son.
  3. Hablar de cómo se han organizado nuestras emociones, de nuestras experiencias y vivencias, del background que tenemos por familia y aprendizaje, ayuda a los demás a entender el marco en el que nos movemos y a relativizar las expresiones emocionales en función de nuestra experiencia y no de la experiencia de quien las percibe.

2.    Regular la emoción

Hay 2 tipos de problemas en la regulación de la emoción, que son radicalmente diferentes. La hiper-regulación y la hipo-regulación.
La persona hiper-regulada vive bajo el control de los sentimientos. Lo que en muchos casos lleva a una desensibilización frente a las personas y las situaciones, a un distanciamiento que impide la implicación. En estos casos la emoción es interrumpida aún antes de surgir, en las mismas señales que producen las sensaciones que desencadenan a emoción. La persona hiper-regulada se muestra fuertemente racional por lo que necesita un incremento de su conciencia emocional.
La persona hipo-regulada tiene poco control decisional de su conducta, que viene decidida por instancias subconscientes, por elementos emocionales que no es capaz de gestionar y que toman el mando de la conducta. Esto lleva a una imprevisibilidad del comportamiento para los demás y a una presión sobre las relaciones. Muchas veces esos comportamientos no regulados dan la impresión de proceder del fondo real de la persona y provocan por ello graves laceraciones en la convivencia y en las relaciones.
La persona bien regulada tiene un equilibrio entre lo racional y lo emocional, entre sus instancias decisionales y sus emociones. Escucha estas y se comporta de acuerdo a sus matices, pero regula la conducta para lograr una buena eficacia en las relaciones. Demuestra de este modo una adecuada inteligencia emocional.

3.    Expresar la emoción.

Expresar la emoción es una herramienta necesaria para la gestión. En gestión emocional se trabaja con lo expresado, no se imagina ni se hacen suposiciones, en caso necesario se pregunta.
Se trabaja siempre en el mapa de la persona que se expresa y se le ayuda con la percepción que se tenga de ese mapa.
Para ello se utilizan tanto herramientas verbales como no verbales, y especialmente el lenguaje corporal. La persona que escucha esa expresión debe ser muy receptiva y evitar especialmente la identificación con las emociones de quien habla, ya que en tal caso no estaría escuchando la emoción del otro, sino los propios sentimientos.
Se avanza en la expresión ayudando a la persona a que ponga en voz alta sus percepciones y a que sepa escucharlas. Una herramienta clave este reiterar o repetir. Desde el punto de vista emocional, es muy diferente decir algo uno mismo, que oír que otra persona nos lo dice. Es diferente decir ante un error, soy tonto, a que alguien nos diga: eres tonto.
Otra herramienta clave es saber recoger el conjunto de lo expresado y presentarlo a la persona para que sea capaz de clarificar su significado y sus consecuencias para si mismo. Esto le va a permitir avanzar, dar pasos adelante.
También es muy importante que la persona que escucha sea capaz de personalizar. Esto es tanto como focalizar la emoción. Ayudar a utilizar qun lenguaje que asocie y no disocie de la emoción. Lo que permite entra en ella y no distanciarse o desensibilizarse. La emoción es una fuente preciosa de conocimiento.
Muy pocas veces es pertinente acudir a la propia experiencia, porque se corre el riesgo de la identificación y entrar en el propio mapa del mundo y no en el de la persona que se expresa. Sin embargo, en alguna ocasión puede ayudar a esa cercanía comunicativa que se crea y a que quien escucha se sienta también personalmente implicado con la persona que se expresa.

4.    Reflexionar sobre las emociones.

Esta es una tarea cognitiva que tiene relación con lo expresado por Piaget, los procesos de asimilación y acomodación.
ASIMILACIÓN: Proceso de incorporación a la estructura mental propia de nueva información. Funciona de fuera a dentro, algo de fuera entra a encajarse en la estructura de mental sin modificarla.
ACOMODACIÓN: Proceso por el que se modifican las estructuras mentales personales haciendo propios los nuevos conocimientos obtenidos. En este caso funciona de dentro hacia fuera. Debido al nuevo dato se ve necesario cambiar o reajustar la propia estructura mental.
Los procesos emocionales corresponden en su mayor parte al fenómeno de la acomodación, cuando se entra en las emociones se trabaja directamente con esa estructura mental que está organizando el mundo propio para modificarlo. Se trabaja dentro y al expresarlo se reorganiza la imagen del mundo o sencillamente de las relaciones o de lo que nos ha sucedido. Se ven de otro modo.
Se trata por tanto de insertar los nuevos significados aportados por la emoción en el propio modo de ver el mundo y también ver sus consecuencias en nuestro comportamiento con los demás, es decir en la conducta.

5.    Transformar la emoción.

Este es un proceso que hay que hacer por así decir en caliente, es decir cuando la emoción está focalizada y bien presente en la conciencia de la persona. Cuando es necesario transformar se trata siempre de emociones desadaptativas, es decir emociones del pasado que se han quedado guardadas de un modo que es dañino para la persona, que la limita en su actuación y en sus relaciones.
La forma de transformarlas es apelar a la fuerza interna de la persona, a sus voces más profundas y personales. Un sistema habitual de hacerlo es precisamente este incrementar la voz, modular esas voces apagadas para que puedan expresarse. Normalmente hay otras voces que están apagando o mejor dejando en sordina la propia voz personal, voces de personas que tuvieron peso en la viviencia o experiencia de la persona, habitualmente más peso que la persona misma.
En realidad, lo que se modifica es el patrón emocional de esa emoción desadaptativa. El patrón emocional es la estructura que conserva la experiencia individual y que integra en una unidad emoción, cognición, motivación, acción e interacción. Estos patrones son módulos de almacenamiento de la experiencia y son los responsables de dar respuestas rápidas y automáticas en situaciones que asimilamos a otras que hemos vivido ya. Si la emoción es desadaptativa el patrón es desadaptativo. Un ejemplo sencillo de patrón emocional desadaptativo es el miedo al compromiso en las relaciones. Ese miedo tiene siempre una experiencia primigenia donde se ha originado y ha conformado el patrón.
El modo de acceder a al patrón es acceder a esa experiencia primigenia a través de la emoción desadaptativa. Normalmente es un rosario de emociones que se retrotrae hasta la primera, un histórico de comportamientos parecidos en situaciones similares que han sido limitantes para la persona.
Solo el hecho de acceder a la emoción desadaptativa y expresarla, la modifica de forma que después el patrón no es el mismo y además se ha hecho consciente, algo que aflorará cada vez que la situación que lo desencadena se produzca.
Por tanto, hay que acceder a la emoción desadaptativa y permitir su expresión (lo que hemos indicado en el punto 3). Ese el modo de modificar el patrón emocional.

Es una entrada muy técnica que espero te ayude cuando debas afrontar tareas de gestión emocional.

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