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lunes, 5 de septiembre de 2016

El premio y el castigo en educación infantil

El papel del premio y el castigo en la educación de los niños. ¿Cuál es el objetivo y la estrategia para lograrlo que mejor se adapta a tu forma de ser?

Yo estoy más próximo a la primera opción. Voy a partir de conceptos generales para explicar mi postura. Dejando claro desde el principio que no es más que eso y que entiendo que cada familia tenga su forma de hacer las cosas y sus razones para hacerlas así.

¿Qué es la educación infantil?

No me refiero al proceso de aprendizaje académico, sino de conducta, actitudes y reacciones.
Todos hemos sido educados. Incluso un niño abandonado y que no tiene ningún contacto con otros humanos es educado por su entorno.
Esta educación es un proceso por el que asimilamos formas de conducta que resultan más efectivas para obtener resultados.
En la sociedad, cuando una familia educa a su hijo lo que hace es mostrarle las conductas que en la sociedad pueden resultar más efectivas o menos para vivir en ella.
El objetivo no debería ser que crea que el mundo es lo que no es. Sino que aprenda cuales son las conductas que mejor le permiten obtener una respuesta concreta de su entorno.
Evidentemente lo que cada familia enseña a sus hijos en este tema está muy influenciado por las ideas y la concepción del mundo que tienen los padres. Y eso dependerá de lo que les enseñaron a ellos, lo que han aprendido de forma práctica con su propia experiencia y en algunos casos de lo que han encontrado buscando información sobre el tema.

Modificación de conductas

El abordaje conductista para explicar la forma en la que la conducta se modifica podría simplificarse en:
– Si una conducta obtiene el efecto deseado tiende a repetirse.
– Si una conducta obtiene un efecto indeseable tiende a evitarse.

Cuándo empieza la educación

En realidad desde el primer día de vida. Cuando ante una situación concreta el entorno que rodea a un bebé responde de forma más o menos regular, empezamos a generar patrones que la mente del niño empieza a explorar  y adapta su conducta a ellos.
Pero cuando hablamos de educación en serio. Para modificar conductas claras como las rabietas, el pegar, aprender a hacer cosas o evitarlas, colaboración, realización de tareas… es necesario que el niño tenga una memoria a medio y largo plazo más desarrollada.
Si ante una situación reaccionamos de un modo determinado que el niño no recuerda por su edad un par de días después, lo que hagamos tendrá poco efecto.
La mayoría de los temas en los que los padres se preocupan de la conducta de su hijo empiezan a ser más evidentes a partir del año de vida, y coincide con la etapa en la que el niño empieza a desarrollar esas conductas.

Premios en educación infantil

Un premio es algo positivo que se da tras una conducta que consideramos positiva o antes de ella para incentivar que ocurra.
También puede ofrecerse para incentivar que se evite una conducta negativa o si se ha evitado con éxito esa conducta que queremos eliminar.

Castigos en educación infantil

Un castigo es algo negativo que hacemos tras una conducta que creemos negativa o antes de que ocurra para evitar que se realice.
Otra forma de castigar es privar de algo que el niño desea, si se hace algo negativo.

¿Premio o castigo? ¿Qué es mejor?

Si partimos de la base de que la relación padres-hijos está presidida por un vínculo de afecto, la herramienta adecuada, con la que se puede conseguir casi todo, es el premio. Pero no entendido como algo material, sino como la manifestación de afecto.
Y un afecto que además tiene carácter incondicional. Es mucho más fácil educar cuanto más claro tiene un niño que sus padres le quieren y que eso es inamovible.
Cuando esto ocurre, instintivamente el niño tiende a complacer a los padres, realizando conductas a las que sus padres muestran aprobación y evitando aquellas que entristecen a sus padres. Porque el niño querido suele querer a sus padres y tiene un vínculo afectivo que le hace notar con facilidad sus estados de ánimo.
Yo sin duda creo más en esta forma de entender la educación que en premiar con objetos (chucherías, juguetes, ¿dinero?) o en castigar. Y más en mostrar lo que sentimos ante sus conductas, que dar o quitar el afecto.
El afecto no debería ser nada negociable. Cuando es una constante basta con que el niño reconozca lo que nos alegra o nos entristece para que tienda de forma natural a adaptar su conducta a ese patrón, evitando conductas que nos hacen sentir tristes y haciendo las que nos alegran.

¿El castigo físico en educación infantil?

El castigo físico suele ser una muestra de fracaso de los padres. No me imagino pegando a mi hijo para que entienda que una conducta es buena o mala. Y no lo hago porque le quiero, él me quiere y la violencia no es parte del lenguaje comprensible en nuestra relación. Para que él entienda que algo que ha hecho no me agrada y que me gustaría que no se repita veo incomprensible pegarle. Y estoy convencido de que él lo vería igualmente incomprensible.
Si le pegase, la razón que hubiese generado esa conducta pasaría inmediatamente a un segundo plano. Mi hijo se sentiría tremendamente dolido. No por el dolor físico, sino por no entender qué puede motivar una conducta así por parte de alguien que le quiere como yo.
Y yo estoy seguro de que un segundo después me sentiría fatal. Sería consciente de que habría roto algo de inmenso valor que existía entre él y yo.
Ante el valor de eso que se rompería, no imagino ninguna razón, ninguna conducta por su parte que fuese motivo justificado para tal pérdida.
Yo entiendo que alguna gente llegue a esto. A veces por tener un carácter que no controlan demasiado bien, a veces repitiendo patrones aprendidos (a ellos los educaron así).
Pero es una pena. La relación que existe entre unos padres y unos niños que se aman y respetan por ese amor, está en un plano totalmente distinto de aquellas presididas por una escala de fuerzas. Y encima, la efectividad de esa estrategia es progresivamente menor, hasta poder invertirse cuando el tiempo lleva la balanza de la fuerza al lado del que crece, frente al que envejece.

Resumen

Muestra amor espontánea y constantemente a tu hijo. Si vuestra relación se basa en el amor basta con mostrar agrado ante una conducta para que se repita, y mostrar tristeza ante otra para que tienda a evitarla.
Escoge la respuesta a cada conducta en función de si esa forma de actuar le va a ayudar aadaptarse mejor o peor a la sociedad en la que va a vivir el resto de su vida.
3 Sé consistente. Cuanto más clara y constante es nuestra respuesta a una conducta de nuestro hijo, más fácil le resulta adaptarse y menos frustración sufre, porque con mayor frecuencia sus conductas obtendrán el resultado que busca.
No se hace daño a quien se quiere. “Quien mucho te quiere te hará llorar” no significa que pegar a un niño es signo de amor. Significa que quienes nos quieren son sinceros y que cuando hacemos algo que creen que está mal, queriéndonos no nos mentirán y mostrarán su tristeza. Ante ellos nuestro corazón está al descubierto y a su tristeza solemos sumar la nuestra.

FUENTE:
Por http://www.mipediatraonline.com/

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