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martes, 4 de junio de 2013

Control de esfínteres:




Cada cosa a su tiempo

De forma aproximada se puede aventurar que:
  • Alrededor del segundo cumpleaños suele lograrse el control de la caca.
  • El control del pis diurno se consigue entre los dos años y medio y los tres.
  • El pis nocturno puede seguir escapándose hasta los tres o tres y medio.
  • Uno de cada cinco niños aún necesitan pañales por las noches en el cuarto cumpleaños.
  • Solo si llegan a los cinco años sin lograr el control (hablamos de descontrol frecuente, no de algún escape ocasional), cabe que exista un trastorno.

Sin coacciones

Abandonar los pañales no ha de ser una decisión de los padres, sino del propio niño. Se le puede estimular, pero tiene que vivirlo como una conquista personal, no como una imposición.

¿Cuál es el mejor momento para empezar?

  • Cuando comienza a tener noción del tiempo, es decir, a distinguir entre "ahora y «después". Así podrá avisar a tiempo cuando quiera ir al baño.
  • Cuando empieza a nombrar sus excrementos como "pis" y "caca".
  • Si muestra incomodidad cuando está mojado, le molesta el pañal, quiere quitárselo o nos avisa para que le cambiemos.

Cómo empezar

Podemos comenzar preguntándole: "¿Quieres que te quitemos los pañales y hacer pis y caca en el orinal, ahora que ya eres más grande?". Lo de "grande", si se lo decimos, debe sonar a estímulo, no a chantaje. Si contesta que sí, estupendo. Si se niega, es mejor dejarlo para más adelante.
¿Por qué tantas precauciones? A esta edad el niño empieza a afirmarse como persona, y lo hace a menudo a través del "no quiero". Por eso conviene buscar, para empezar este entrenamiento, los momentos en los que nuestro hijo esté de buen humor y en buena sintonía con nosotros.
No conviene mostrar un interés excesivo en la retirada del pañal. El niño, que depende para todo de los mayores, siente que este es uno de los pocos terrenos en que puede hacer su santa voluntad. Su cuerpo es suyo y lo vacía cuando quiere. Si no está a buenas con nosotros, la ocasión es magnífica para llevarnos la contraria en algo que él controla y que, por lo visto, nos interesa tanto.

Los temidos escapes

  • Puede ocurrir que nuestro hijo haya dado su consentimiento pero siga teniendo "escapes". Es lo más normal y no hay que contrariarse, reñirle ni ridiculizarle. Es más, si esos escapes son continuos, le podemos volver a poner los pañales una temporada.
  • Hay niños que pasan por una etapa en la que, sin controlar aún del todo, se niegan a ponerse pañal para salir a la calle, porque se sienten mayores. Hará falta paciencia y diplomacia, y a lo mejor hay que restringir las salidas unos días.
  • No quieren el orinal, se van a un rincón... Algunos padres ven puesta a prueba su paciencia cuando su hijo da por liquidado el pañal pero aún no tolera el orinal ni el inodoro. A veces, hay que dejarle que lisa y llanamente se lo haga encima. De verdad que el pobre no tiene otra salida.
  • Son días difíciles para ellos, pero serán breves si rodeamos de amor a nuestro hijo y sabemos transmitirle nuestro cariño incondicional.

Un manual a medida
  • Un entrenamiento temprano no es bueno, pero dejarlo para demasiado tarde también puede traer problemas. Hay que empezar antes del tercer cumpleaños.
  • Hay niños que hacen pis en el orinal sin problemas, pero prefieren seguir haciendo la caca en los pañales un tiempo. No hay que dar importancia a estas "manías", que son transitorias. Suele ayudar con el niño a comprar el orinal y dejar que lo elija a su gusto.
  • Algunos rechazan el orinal y prefieren hacerlo directamente en el inodoro, como los mayores. Hay unos adaptadores para que el niño se encuentre cómodo.
  • El deseo de crecer y de imitar a los mayores les anima. Podéis empezar por hacer notar al niño que también vosotros usáis el inodoro, y dejarle encaramarse con el orinal allá arriba e imitaros, jugando a que él hace lo mismo. No importa que al principio no expulse realmente nada. Le sirve como preparación.
  • Las recaídas no son fracasos. Un cambio ambiental o un conflicto emocional puede hacer que vuelva a mojar la cama un tiempo. Pueden ser unas vacaciones, la entrada en guardería o el nacimiento de un hermano. Si le ocurre a tu hijo, no debes regañarle ni alarmarte. Quítale importancia y muéstrale tu confianza en que lo superará.

Por: Luciano Montero, psicólogo.


FUENTE:serPadres.es

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