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miércoles, 5 de octubre de 2011

LA ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD DEL ALUMNADO


Marchesi

(1999) expuso una serie de requisitos para la consecución de una escuela inclusiva

La transformación del currículum
El debate en torno a la transformación del curriculum es un tema recurrente cuando hablamos de cambios en la educación. Incluso, hablar de transformación del curriculum supone replantearse el propio concepto de curriculum.

Si concluimos que el curriculum estaría compuesto por el conjunto de experiencias que,conscientemente  planificadas conducen al aprendizaje del alumnado, plantearse un cambio de los planteamientos curriculares que permitan la atención a la diversidad del alumnado implica reformular gran parte de las concepciones que tenemos arraigadas en nuestros centros. La selección de objetivos y contenidos auténticamente funcionales, la utilización de estrategias metodológicas y fuentes de información diversificadas, el carácter continuo y flexible de la evaluación... se convierten en requisitos para la adaptabilidad del currículum, en oposición al carácter homogeneizador de una metodología basada en el libro de texto.

La formación del profesorado
Tal vez sea esta una de las asignaturas pendientes dentro de los planteamientos de la atención a la diversidad del alumnado, tal y como podemos comprobar en los comentarios habituales que se oyen en los centros. El profesorado no especialista no ha sido formado para atender a las n.e.e. de los alumnos y alumnas y, en definitiva, seguimos enseñando de una manera muy similar a aquella que aprendimos cuando estábamos escolarizados en la EGB. Por este motivo, para poder atender a un alumnado diverso, el profesorado debe conocer estrategias diversificadas, aprendidas en actividades de formación diseñadas ex profeso, pero también en intercambios formales e informales de experiencias. El profesorado debe asumir que posee conocimientos válidos y que, a través de su puesta en común con otros docentes  podrán proporcionarse ayuda y formación mutua.
No es este el momento de exponer la gama de estrategias formativas a las que puede acogerse el profesorado, pero, en cualquier caso, simplemente bastaría con solicitar la información pertinente al Centro del Profesorado más cercano y, con total seguridad,obtendrían múltiples alternativas.

Un liderazgo efectivo
Si estamos hablando en todo momento de un profundo cambio, no podemos pensar de manera ingenua que éste surgirá de un compromiso global en el que todos los miembros de la institución educativa asuman su responsabilidad desde el principio. Siendo realistas, debemos afirmar que una transformación de este tipo requiere de un liderazgo efectivo, es decir, de alguien que tire del carro. Es preciso contar con alguna persona o grupo que asuma la tarea de impulsar las medidas de atención a la diversidad, procurando que, progresivamente sean más los compañeros y compañeras que se incorporen al proyecto común. Esta tarea, desde una posición ideal se correspondería con el equipo directivo del centro, ya que, de este modo coincidiría con el liderazgo formal de la institución. No obstante, no es un requisito imprescindible, ya que, en muchos casos, en los grupos humanos existen líderes informales que pueden asumir esta tarea con grandes posibilidades de éxito.

La modificación de la cultura y de la organización de la escuela
Todas estas tareas, toda esta responsabilidad, además de la ingente cantidad de obligaciones que recaen sobre la escuela a diario, no son abarcables desde la cultura individualista que vivimos en la actualidad en la mayoría de los centros. Para poder dar respuesta de manera eficaz a la multiplicidad de demandas que se hacen a la institución educativa, no podemos permanecer anclados en el celularismo bajo el cual se concibe que cada maestro o maestra en su clase trabaja de manera autónoma e incluso aislada en muchos más casos de los que sería deseable.

Por este motivo se hace necesaria una transformación que nos lleve hacia la instauración de una cultura colaborativa en los centros. El intercambio de experiencias, de dudas, de inquietudes; el reparto de responsabilidades, la asunción de un objetivo común y la estructuración de la organización para posibilitar su consecución son aspectos que deben entrar de lleno en la cultura del centro para conseguir que, por fin, la atención a la diversidad del alumnado sea una tarea de todos.
Un compromiso con el cambio
Por último, Marchesi (1999) habla de la necesidad de un compromiso con el cambio. Tal vez sea este el más importante de los requisitos que hemos apuntado, ya que, ningún cambio
penetra en la institución educativa si procede únicamente de un investigador o de una determinada legislación. Para que el cambio de produzca, los integrantes del colectivo deben
sentir la necesidad de dar solución a un determinado problema y, en consecuencia, ponerse a trabajar para buscar la mejor respuesta a la situación planteada. Es posible que las escuelas
tengan que empezar a plantearse que la atención a la diversidad del alumnado, en muchos casos, está haciendo aguas y deban comenzar a trabajar de manera consciente en la mejora
de esta situación, solicitando para ello cuantas ayudas consideren necesarias.
El cumplimiento de estos requisitos, a nuestro entender, daría como resultado una escuela flexible, capaz de adaptarse a las distintas capacidades, motivaciones e intereses de su
alumnado. Esta escuela que estamos describiendo es una escuela que aprende, que colabora y que asume proyectos conjuntos en orden a la consecución de un fin común: la educación de
calidad para todos .

 


Fuente:LA ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD DEL ALUMNADO EN LAS AULAS DE EDUCACIÓN
INFANTIL Y PRIMARIA. PRINCIPIOS DE LA ESCUELA INCLUSIVA Y ESTRATEGIAS
ÚTILES PARA SU PUESTA EN PRÁCTICA.
Manuel Vázquez Uceda
Centro del Profesorado de Alcalá de Guadaíra (Sevilla).
cepalcala.primaria4.averroes@juntadeandalucia.es

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