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domingo, 16 de diciembre de 2012

El niño y la niña de 10 a 18 años



El niño y la niña de 10 a 18 años

• Mis amigos son muy importantes para mí, nuestras relaciones se vuelven más complejas y si tengo problemas con ellos, me afecta mucho. A mi alrededor todo el mundo necesita sentirse aceptado y encajar con el grupo; yo también. Algunas veces tendemos a rebelarnos si no estamos de acuerdo con lo que “impone” el líder o la líder y surgen problemas, y otras lo aceptamos para no ser rechazados. Aunque necesite ayuda, me cuesta expresar mis miedos por lo que tiendo a manejar los problemas por mi cuenta.

• A los 13 años comienza la pubertad y con ella la adolescencia. Una serie de cambios físicos, psicológicos y conductuales que provocan cambios importantes en mi forma de ser. Dicen que puedo volverme muy “inestable”.

A veces tengo una confianza exagerada en mí mismo y en cambio otras, muestro una vergüenza excesiva. Mis gustos e intereses han cambiado.

 

• Forma parte de mi desarrollo mostrarme cabezota y defender mis puntos de vista ante los adultos, pero necesito su apoyo, afecto y comprensión, sobre todo ante situaciones que se pueden complicar.

Tengo la sensación de que no me puede pasar nada malo y no entiendo la insistencia que tienen mis padres en protegerme. Se empeñan en tratarme como a un niño y no me gusta; además, a veces me cuesta entender sus puntos de vista, por eso tenemos discusiones.

• Empiezo a fantasear con mi vida de adulto, a sentirme identificado con otras personas y tiendo a cambiar de aspecto, gustos y aficiones para tratar de encontrar mi lugar o saber quién soy.

¿Cómo responder adecuadamente a sus necesidades?

El sistema de normas y sanciones debe ser revisado y dialogado con ellos. Esto quiere decir que las normas se deben replantear y adaptar a su mayor autonomía. Esto implica necesariamente más libertad de actuación, pero también exige más responsabilidad por su parte. Las normas deben seguir basándose en los mismos principios de diálogo y respeto.

El vínculo afectivo establecido previamente y el estilo de comunicación utilizado los años anteriores tendrá una gran influencia en esta etapa de “crisis” y cambios. Es muy importante acompañarles en su propio desarrollo del sentido de lo que está bien y lo que no. Debes hablar con él o ella sobre prácticas que pueden ser dañinas como fumar, tomar drogas u otro tipo de situaciones que puedan ser peligrosas.

Proporciónale además información afectivo–sexual. Dialogar con él o ella sobre los pros y contras de los temas que nos preocupan es más efectivo que prohibir.

Si anteriormente has establecido unas bases de confianza mutua y hablas sin tabúes de distintos temas, le estas dando herramientas de autoprotección, capacitándole para decidir por sí mismo con la seguridad de que pueden acudir a ti si tienen algún problema.

Tener en cuenta las características de esta etapa ayuda a restar importancia a ciertos comportamientos que no te agradan (que se muestre menos cariñoso o más reservado, que tenga cambios de humor, que se aíslen).


Tu hijo o hija no desea llevar la contraria “porque sí”. La necesidad de diferenciarse de sus padres es esencial para el desarrollo de su propia identidad, lo alarmante sería un joven sumiso que no cuestionara nada. El principal reto como padres es aceptar los cambios de esta etapa, ofrecer cuidados y estabilidad, respetando su necesidad de independencia y privacidad y sus nuevos gustos. Es importante mostrar actitud de escucha y reflexionar con nuestro hijo o hija sus puntos de vista y los nuestros. Así estaremos mostrando respeto por él y ofreciendo un buen modelo de comunicación.

Fuentw: ¿Quién te quiere a ti? - Guía para padres y madres



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