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jueves, 15 de marzo de 2012

El desarrollo afectivo en la Educación Primaria


El desarrollo afectivo en la Educación Primaria

Cuando el niño alcanza su sexto año de edad se ve afectado por una cierta turbulencia emocional (aminorada ya por el paso de los años) que va a suponer la aparición de cambios notables en su personalidad. En la práctica, accede a la etapa con un estilo de expresión de afectos, aversiones y preferencias rudimentario y escasamente elaborado, que se manifiestan a través de reacciones explosivas y desproporcionadas. Así, la cólera desatada y las rabietas se ven progresivamente substituidas por los empecinamientos obstinados, ahora ya, moneda común en esta etapa (Moraleda, 1979). Con el paso del tiempo, el niño aprende a modular  y suavizar sus respuestas emocionales. No obstante, lo que pierden en intensidad lo ganan en variedad y riqueza.

El inicio de la escolarización conlleva un factor de desestabilización, ansiedad e incertidumbre en el niño. El necesario desprendimiento de la protección materna resulta en ocasiones traumático, pero es del todo imprescindible para su proceso de socialización.

El educador tiene un papel fundamental en este período. Acompañar al niño en el despegue de un ambiente en el que confía ciegamente para guiarle hacia un nuevo entorno, repleto de seres extraños y reglado hasta en los más mínimos detalles; orientarle en el aprendizaje, cada vez más específico, de formas adecuadas para expresarse emocionalmente y modular, con su presencia y su comunicación, los sentimientos encontrados que los pequeños experimentan son algunas de sus funciones como mediador social.

Con el transcurso del tiempo, el niño se adapta de forma completa al nuevo ambiente, pero debe combinar las formas “aprendidas” para expresar sus emociones con las utilizadas de forma habitual en el hogar.

La guía del maestro consiste básicamente en conducir suavemente a los alumnos hacia una capacitación en la tarea de identificar, asumir y enfrentarse a sus propios sentimientos y facilitar el aprendizaje de la comunicación como vía para verbalizar y compartir sus emociones (FAD, 2000).

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