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jueves, 12 de enero de 2012

Conducta/Uso de reforzadores

La conducta de desobediencia se produce cuando:

  1. El padre/maestro/parientes…piden/ordenan al niño que realice una conducta y éste no responde a su petición, comenzando a hacerla en un tiempo superior al establecido. Cada adulto establecerá el tiempo que crea adecuado. Aproximadamente 20 segundos.
  2. Un adulto le pide a un niño que deje de hacer algo ó no vaya a hacer algo, y el niño no obedece en un plazo de tiempo inferior al prefijado (aproximadamente 20 segundos).
  3. El niño no realiza una conducta que se ha establecido por norma que tiene que realizar.
  4. El niño hace cosas que explícitamente se le han prohibido.

Sin embargo, existen situaciones en las que no queda claro que se pueda hablar de desobediencia.
La primera se refiere a la existencia, de forma simultánea, de dos órdenes incompatibles. Por ejemplo, la madre pide al niño que acuda inmediatamente a cenar, mientras el padre le ordena que le ayude a buscar el periódico. Es evidente que el niño podrá hacer sólo una de las dos cosas, no pudiéndose hablar de desobediencia hacia la otra orden.
Una segunda posibilidad se refiere al caso de un adulto que le pide al niño varias cosas al mismo tiempo (pon la mesa, arregla tu cuarto de estudio…). El niño no tiene tiempo de hacer las dos cosas.
En tercer lugar, un adulto invita al niño a violar una prohibición. Por ejemplo, “a mamá no le gusta que juguemos al fútbol, pero como ahora no está…”. ¿Se puede decir que el niño haya desobedecido, en este caso?.

Es imprescindible, a la hora de educar a los hijos, tener presente la importancia del reforzamiento en la conducta. Uno de los errores más frecuentes entre padres y educadores es considerar que un niño tiene que portarse bien porque es su deber y que, por tanto, no tenemos por qué reforzar dichos comportamientos. Esto es un error. No olvidemos que si se refuerza, la conducta se mantendrá; si no se refuerza, la conducta se extinguirá.

Son muchos los tipos de reforzadores positivos que podemos utilizar:
  1. Los reforzadores materiales ó tangibles (dulces, juguetes, dinero…).
  2. Los reforzadores de actividad; una actividad que sea agradable para el sujeto puede funcionar también como un potente reforzador (ver la tele, jugar con los amigos, dibujar, hacer deporte…).
  3. Los reforzadores sociales son aquellas conductas que otros individuos realizan dentro de un determinado contexto social. Son reforzadores la atención, la sonrisa, el abrazo, las palabras de elogio…
  4. Los reforzadores cambiables: las fichas ó los puntos; en ocasiones se pueden utilizar como reforzadores fichas ó puntos que posteriormente se canjearán por reforzadores materiales ó de actividad.

¿Qué tipo de reforzadores conviene utilizar?. Esto depende de las circunstancias, del tipo de conducta, etc.. Sin embargo, existen algunas consideraciones generales que es preciso tener en cuenta. Los reforzadores materiales y los reforzadores de actividad suelen ser más potentes, es decir, tienen más capacidad de refuerzo que los reforzadores sociales, por lo que resulta aconsejable utilizarlos en los primeros momentos del aprendizaje de una conducta. Sin embargo, presentan algunos problemas. El primero, que producen fácilmente saciación. P.e. si a un  niño se le refuerza comprándole todos los días una bolsa de patatas, es posible que el niño acabe cansándose de patatas; por esto, se aconseja administrar más de un tipo de refuerzo con el fin  de que no se produzca este efecto.
En segundo lugar, algunos padres y profesores se muestran reacios a “pagar” a los niños para que se comporten adecuadamente a pesar de que ellos, en realidad, trabajan también por refuerzos tangibles como salario, coches, joyas, etc..
Por último, no siempre es posible reforzar con este tipo de estímulos dado que a veces no están disponibles. P.e. ir a ver un partido de fútbol.
Siempre que se utiliza un reforzador material ó de actividad, debe acompañarse de un reforzador social, con el fin de que con el paso del tiempo se pueda ir retirando el refuerzo tangible y sea el reforzador social el que mantenga la conducta. P.e. cada vez que Ana recoge su habitación, su mamá le premia con un bollo y, mientras se lo da, le dice: “Muy bien, estoy muy contenta por tu comportamiento”. Es de esperar que al cabo de un tiempo, el reforzador social “estoy muy contenta” sea suficiente para que la conducta de recoger la habitación no se extinga.

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