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martes, 22 de noviembre de 2011

ORIENTACIONES PARA LOS CASOS DE SEPARACIÓN



    CÓMO EMPEZAR

            Colocad al niño tan cerca de vosotros como os sea posible, para que se sienta seguro. No dudéis en dejarle que se tome todo el tiempo que quiera para comentar. Podéis facilitar sus comentarios haciéndole algunas preguntas: ¿los padres de algún amigo tuyo están separados?, ¿No crees que todos los niños tienen miedo de que sus padres se separen?.

Vuestro hijo os comunicará entonces sus temores, sin miedo a que os enfadéis por ello. Y, ya viváis juntos o separados, podréis hablarle de los sentimientos que os unen.



EVITAR DOLOR AL NIÑO

Todos los padres que se separan desean proteger al niño del sufrimiento que puede causarle esta separación. Para evitar errores que le dejen secuelas psicológicas, es aconsejable consultar de antemano a un psicólogo. Lo idóneo seria que hicierais juntos la consulta.



TODOS LOS NIÑOS TEMEN LA SEPARACIÓN DE SUS PADRES

Con frecuencia la separación ha ido precedida de discusiones y de peleas de las que el niño ha sido testigo. Aun en el caso de que inmediatamente después hayáis sido capaces de controlar vuestras actitudes agresivas, un silencio pesado o la ausencia de gestos tiernos hacen comprender al niño, que adivina fácilmente los sentimientos de sus padres, que la unión de la familia está amenazada. Porque todo niño alberga el temor de que sus padres se separen.

EL NIÑO SE SIENTE CULPABLE

En el niño el sentimiento de culpa se mezcla con el temor de ver que sus padres se separan. El niño siempre se pregunta qué es lo que él no ha sabido hacer para conseguir que sus padres sigan juntos aunque sólo sea por él.

¿No merece que le quieran lo suficiente como para lograr ésto? Las disputas entre sus padres producen siempre en el niño una disminución de su autoestima.



CÓMO ANUNCIARLE LA SEPARACIÓN

Deberíais no pensar en ello como un seísmo total y definitivo. Estáis educando a un niño entre los dos. Podréis divorciaros, pero jamás podréis separaros de esta paternidad común, ES UNA IDEA QUE HAY QUE ASIMILAR SERIAMENTE.

Por eso más vale que, en vez de utilizar palabras como "nos vamos a divorciar" o "nos vamos a separar", le digáis al niño que los dos necesitáis estar tranquilos y, por lo tanto, vivir en sitios diferentes. Los niños entienden bien esto: cuando ellos se pelean con los hermanos o hermanas, lo que más les tranquiliza ¿no es que cada uno se vaya a su habitación?

MANTENER UN LAZO ENTRE PADRE Y MADRE

Cada uno de vosotros cree que hace bien asegurándole al niño: "Papá y mamá

te querrán siempre". "¡Pues claro, estaría bueno!". Esta posibilidad ni se le pasa al niño por la cabeza. Esta afirmación de amor no es suficiente para que el niño se sienta seguro, sino que, más bien, le inquietará. Es evidente que vais a seguir queriéndole; incluso correréis el riesgo, por sentimiento de culpabilidad, de sobreprotegerle, de mimarle en exceso, por miedo a que deje de quereros. El problema no se plantea, pues, en términos de amor recíproco padres-hijo, sino que reside en el lazo entre las dos partes que le son imprescindibles: sus padres. Y es ahí donde los sentimientos deben quedar bien definidos.

            "SEGUIREMOS SIENDO AMIGOS"

Esta es la frase importante y, quizá, la más difícil de pronunciar cuando se está viviendo el momento álgido de la crisis de separación. Pero es el punto fuerte. Un niño que se encuentra entre un padre y una madre que no se dirigen la palabra, con un padre que le deja delante del edificio en que vive la madre sin una sola palabra, una madre que habla por teléfono con su hijo que está en casa de su padre sin haber intercambiado una sola frase con el padre, se sentirá desgarrado entre sus dos resentidos progenitores, se preguntará de qué lado debe ponerse, le resultará doloroso verse obligado a no mencionar a la madre en casa del padre, y viceversa. Ver que sus padres son enemigos es un riesgo para la integridad psíquica del niño.

Por el contrario, si la madre deja al niño en el colegio y le comenta que va a almorzar con su padre; si se le dice: "Ya sabes, yo querré siempre a tu madre (o a tu padre). Si está enferma o necesita algo, sabe que puede contar conmigo", el niño podrá mantenerse en su lugar de niño. Pensará que la vida continúa con sus dos padres, quienes tuvieron sus razones para traerle al mundo, ya que siguen siendo aliados. Hay diferentes tipos de amor. Se puede amar sexualmente; amar con amor, con ternura, con afecto, amistad...

Tendréis que encontrar vuestro nuevo modo de amaros y vuestro hijo os respetará durante toda su vida.



¿CON QUIÉN VIVIRÉ?

Ésta es una de las primeras preguntas que se hace el niño. Se acuerde una única residencia principal para el niño, o dos, todo resultará más fácil si decidís seguir siendo amigos. De esta forma, la elección será menos dolorosa y los pequeños ajustes se harán sin traumas. Lo que será bueno un año, puede mejorarse o adaptarse otro, según la edad y las necesidades del niño, y no según las rivalidades de los padres.

La custodia compartida les parece buena a muchos padres, pero en realidad responde más a una necesidad suya, pues, así, cada uno tiene la impresión de que educa a su hijo en igualdad de condiciones con la otra parte. Esta solución supone dos casas cercanas al mismo colegio, medios materiales, económicos y, sobre todo, un buen entendimiento entre los dos ex cónyuges.

A menudo, una sola residencia principal resulta más coherente para el niño, pero puede ser sustituida por dos apartamentos cercanos. Si vivís lejos, habrá que compensar durante las vacaciones escolares. Sea cual sea el tipo de custodia elegido, se deberá pensar primero en el interés del niño. Puede ser útil que el adolescente masculino esté cerca de su padre, mientras que la niña se quede con su madre. En algún momento puede ser beneficioso separar a los hermanos porque necesiten encontrarse a si mismos y, en otros períodos, puede convenir reunir a todos los hermanos en una residencia principal.

La llegada de una nueva pareja para el padre o la madre puede animar al niño a pedir una nueva forma de custodia. Sean cuales sean estas acomodaciones y cambios tanto más fáciles cuanto mejor relación amistosa haya entre los padres, deberán ser decididos para un largo período de tiempo, por ejemplo, un año, ya que las negociaciones y el planteamiento de nuevas condiciones no aportan paz ni a los niños ni a sus padres.

            PEDIR AYUDA A UN MEDIADOR

En el momento álgido de la crisis, las heridas narcisistas pueden hacer muy difícil una separación razonable y unas conversaciones amistosas. Recurrid a un mediador que os permita encontrar un modo de dialogar reflexivo y sensato, positivo y constructivo, en vez de los insultos y las acusaciones ofensivas, a menudo apoyadas por los amigos. Este mediador puede ser el psicólogo, el médico de la familia, el pediatra o el asistente social, acostumbrado a encontrar las palabras que harán surgir lo que hay de positivo en vuestra relación.

RESUMIENDO

Los padres son un apoyo para toda la vida.

Una vez que el conflicto inicial se tranquiliza, el niño percibe que sus padres permanecerán unidos para siempre como pareja progenitora.

Esta pareja no permitirá que el niño manipule a sus padres, no le hará cargar sobre sus débiles hombros con la pena del uno o de la otra. Y él podrá crecer con optimismo y fe en los adultos, especialmente en sus padres.


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