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lunes, 7 de noviembre de 2011

Evaluación-dislexia


A tener en cuenta a la hora de evaluar.

La escritura del alumno disléxico no refleja adecuadamente sus conocimientos o pensamientos subyacentes pero, con demasiada frecuencia, tanto profesores como compañeros lo juzgarán por lo que escribe y no por lo que sabe.

Los niños disléxicos tienen más dificultades para encontrar la palabra adecuada, sobre todo cuando están bajo presión. Los problemas que sufren para acceder al lenguaje les hacen perder confianza en sí mismos. Sus dificultades para recordar palabras surgirán en cualquier idioma, escrito y hablado, y parecerá que tienen una deficiente capacidad lingüística. A menudo no terminan las frases, o empiezan las frases por la mitad, ralentizan el ritmo del habla, para esconder el hecho de que no encuentran una determinada palabra. Con esto dan la impresión de tener unas deficientes aptitudes gramaticales.

La dislexia es una dificultad del aprendizaje que tiene mucho que ver con los requisitos previos para el aprendizaje. Esto no significa que a un niño disléxico le vaya a resultar difícil aprender dos palabras distintas para referirse a un único concepto, pero sí tendrá dificultades para encontrar la palabra correcta en el momento adecuado.

El hecho de que a los niños disléxicos les cueste realizar tareas complejas -hacer varias cosas a la vez– no significa que sean incapaces de tener pensamientos complejos. Tienen que inventarse estrategias continuamente para recordar cosas que otros niños hacen automáticamente. No siempre pueden expresar sus pensamientos sobre el papel cuando se les pide en el colegio.

La cuestión se agrava porque sus capacidades expresivas oscilan a lo largo del día o, incluso, por temporadas, con lo que, si estamos acostumbrados a un tipo de discurso verbal o escrito y, de pronto, lo modifican totalmente, podemos pensar con facilidad que no han adquirido los conocimientos. Es muy frecuente oír desesperarse a sus padres por una mala calificación de un examen concreto que la tarde anterior sabían a la perfección y que el día de la evaluación han olvidado por completo (lo que no significa que poco después vuelvan a sabérselo y a aplicarlo de manera concreta y correcta).

Por eso, la evaluación de los disléxicos no debería ser puntual sino continuada y, nunca con base en los meros exámenes, sino con respecto a la globalidad del aprendizaje a lo largo del período evaluatorio.

Asimismo, una estrategia muy adecuada es la de hacerles exámenes orales o, si no es posible, que sean escritos pero después explicados por el alumno al profesor. Normalmente, en esta explicación demostrará o completará más sus conocimientos que en lo que haya respondido en la prueba escrita.

 ASOCIACIÓN ANDALUZA DE DISLEXIA
   (ASANDIS)

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