22 consejos para malcriar a los hijos




Muchos padres no sabrían explicar cómo educan o pretenden educar a sus hijos, pero todos conocen o creen conocer lo que nunca se debe hacer. Por eso esta lista de buenos consejos para hacer mal las cosas sólo es una ayuda para reforzar y tener aún más presentes las verdades universales de la crianza de los hijos. Léase estos consejos, por tanto, con su sentido al revés.
Por Javier Peris
1. LO MEJOR ES DAR MAL EJEMPLO. Esto del ejemplo no es tan fácil. Los padres somos como somos y no es bueno -ni tampoco viable- parecer lo que no somos. El mal ejemplo se produce en acciones muy básicas: ser desordenado, perezoso, quejica, criticón, excesivamente irónico… Vale, se trata de un programa ético bastante exigente. La opción B es esforzarse en que nuestros defectos no se muestren delante de los niños, y para eso es muy importante la complicidad de la pareja.»
2. TRATAR IGUAL A TODOS LOS HIJOS. Es lo más cómodo, y los padres que proceden de familias numerosas siempre tienen argumentos para justificar el café para todos. Lo más habitual, en cambio, es que tratar igual a todos los hijos al final resulte más difícil y trabajoso que adaptarse al carácter y las necesidades de cada uno. Los niños no son inmunes al veneno del agravio comparativo pero sí se dan cuenta de si el cariño es el mismo para todos.
3. EVITAR LOS LLOROS Y EL JALEO. La vida doméstica de una familia normal es ruidosa y, en muchos momentos, molesta para el padre o la madre, o para ambos al mismo tiempo. Las correcciones a los hijos no deben hacerse en función del tono de sus quejas o del alboroto de sus juegos, sino por razones de educación y respeto a los demás. Muchas veces dejarles llorar y protestar ruidosamente puede ser la decisión más acertada.
4. AYUDARLES A SORTEAR LOS FRACASOS. Qué pena da ver a nuestros hijos hundidos tras una mala experiencia, un error o una decepción. Quisiéramos evitarles esa angustia o esa humillación, pero sabemos que las necesitan. Sólo procesando individualmente esos fracasos se formará su carácter. Ayudarles en estos casos puede consistir simplemente en unas palabras de consuelo, dando por supuesto que los baches de la vida existen para hacernos más fuertes..
5. DARLES TODO LO QUE PIDAN. ¿Quién no está de acuerdo con que dar a los niños todo lo que desean es la mejor forma de malcriarlos? El problema es que los límites entre lo superfluo y lo conveniente se han desdibujado mucho, y somos los propios padres los que no lo tenemos claro. Pero empecemos por lo más básico: que se acostumbren a escuchar la palabra ‘no’, y que además se mantenga.
6. QUE HAGAN LAS COSAS PORQUE SÍ. Vale, no hay que dar muchas explicaciones cada vez que se indica o se corrige algo, pero en determinadas situaciones hay que esforzarse en que entiendan las razones de los padres. Quizá así tampoco lo entiendan ni lo compartan, pero al menos percibirán el empeño de los padres por explicar el criterio y el deseo de que su hijo lo comparta.
7. SER ARBITRARIOS. Es una de las actitudes más eficaces para criar hijos pasivos y débiles. “Si hago tal cosa, mal; si no la hago, también mal”. Cuando no se puede prever la reacción paterna ante una acción o ante unas palabras, el comportamiento más lógico es la inhibición.
8. PRESCINDIR DE CÓDIGOS ÉTICOS Y/O ESPIRITUALES. Los hijos van aprendiendo el código ético de los padres mediante pequeñas enseñanzas que reciben en el día a día. Lo resumiremos con un ejemplo. Contestar a un profesor siempre es una mala idea porque conlleva un castigo, pero sobre todo porque es una grave falta de consideración a un adulto que además te está haciendo un gran servicio.
9. REPETIR MUCHAS VECES LAS COSAS. La mayoría de los niños y jóvenes no tienen problemas de audición ni de atención. Cuando no siguen a la primera las instrucciones de los padres es simplemente porque no les apetece. Los padres menos avisados entran entonces en una agotadora espiral de repeticiones. Para evitarla hay que seleccionar las correcciones; no deben ser muchas ni constantes, y no atenderlas debe tener consecuencias.
10. PONERSE SIEMPRE DE SU PARTE. Nuestros hijos no tienen mala intención. O eso queremos creer. Por eso, nos fastidia que les achaquen defectos o errores que nos parecen improbables. La bronca de un profesor siempre resulta excesiva; el parte negativo por descuidar la puntualidad, desproporcionado; el gesto de fastidio de un vecino al que casi atropella el niño, una falta de educación…
11. NO RESPETAR LAS PROPORCIONES HAY QUE SER DRÁSTICOS. Montar un pollo por dejar un juguete en el pasillo y no dar importancia a que el niño grite o maltrate de alguna forma a un hermano, familiar o amigo, o a ser maleducado con los mayores. Hay batallas diarias muy obvias que hay que librar con calma y constancia, mientras otras hay que estar muy atento para detectarlas. Todas son importantes pero ninguna igual a otra.
12. QUE TENGAN MUCHAS COSAS. Que no les falte de nada no significa que les sobre de todo. Necesitan bolígrafos, cuadernos, vestidos… pero si tienen pocos los cuidarán mejor. Luego están los juguetes y otros regalos de mayores que no dejan de ser juguetes: nada decepciona más a los padres que comprobar el poco caso que les hacen o lo mal que los cuidan. Una vez que se ha empezado con mal pie en este asunto resulta muy difícil rectificar.
13. PIERDE LA PACIENCIA, DESAHÓGATE. El efecto ha sido inmediato: por fin hemos visto la preocupación reflejada en su rostro y en toda la tarde no ha dicho ni pío. “Me he pasado, sí, pero mira cómo ha aprendido”. Pues no, no ha aprendido; o mejor dicho, ha aprendido que tiene que estudiar más o ser menos contestón sólo porque así evitará esa desagradable reacción del papá o la mamá. No; no es una buena lección.
14. QUE NO SE JUNTEN CON CIERTA GENTE. La ‘cierta gente’ verdaderamente tóxica o indeseable es muy escasa, así que atentos a enmascarar prejuicios. Debemos preocuparnos si vemos relaciones inconvenientes de nuestros hijos por todas partes y al mismo tiempo: en el colegio, en el deporte, en el barrio, en la propia familia… El problema seguro que es nuestro. El menor aprende a valorar la amistad y las relaciones- también- equivocándose.
15. QUE LA EDUCACIÓN LA LLEVE UNO DE LOS CÓNYUGES. El famoso ‘reparto de tareas’ no se aplica en este punto. La responsabilidad en la Educación es compartida, nadie lo discute, pero cada pareja es un mundo y en el trato con los hijos es inevitable la desigualdad. La crianza más saludable es la que implica en el mismo grado, con la misma intensidad a padre y madre, pero adaptándose a lo que puede aportar cada uno..
16. ENGAÑARLES. Engañar a un niño, como se suele decir, es lo más fácil del mundo y, para los padres, un recurso para economizar en explicaciones, justificar las indicaciones o evitar temas delicados. Cada vez que engañamos perdemos la oportunidad de explicar a los hijos algo que seguramente no entenderán en ese momento pero que quedará latente en su pequeño cerebro. Igual que le pasa a la mentira.
17. NO CUMPLIR LAS PROMESAS. Otro recurso facilón es la promesa de un incentivo que no pensamos cumplir, o al menos no de momento. Esto también funciona, pero durante menos tiempo, hasta que el niño o la niña asimila la falta de credibilidad del progenitor. La consecuencia es que esta desconfianza hacia los padres se extiende a todos los aspectos de la crianza.
18. AMENAZAR CON UN BOFETÓN. O con una palmada en el culo o la zapatilla. A estas alturas, en esta sociedad hiper-civilizada, todavía nos sorprende que nos salga una amenaza así, tan natural. En parte porque lo hemos escuchado miles de veces en nuestra niñez, en parte porque forma parte del lenguaje coloquial, es posible que no le demos importancia, pero en la mente de un niño suena muy fuerte, aunque todavía es peor que se acostumbre a escucharlo… y menos a sufrirlo.
19. CONTROLAR SUS ESTUDIOS. Haz un seguimiento diario y minucioso de las obligaciones escolares de tus hijos… y conseguirás que no se sientan responsables de sus éxitos ni de sus fracasos. Ayúdales, que no se sientan solos en esa parcela tan importante de sus vidas, pero déjales probar sus límites por ellos mismos, encontrar las motivaciones adecuadas y equivocarse y aprender de los errores.
20. INHIBIRSE DE LAS PANTALLITAS. Ya se sabe, son de otra generación, los llamados nativos digitales… ¿Qué podemos hacer contra eso? No hay que hacer nada ‘contra’ sino más bien ser conscientes de que buena parte de su educación la están asimilando de las pantallitas. Y eso puede ser bueno o muy malo. Y como en tantas otras cosas, que la relación del niño con el mundo digital resulte provechosa y satisfactoria sólo se consigue con esfuerzo.
21. DESCONFIAR DE LA FELICIDAD. Un niño feliz es un niño que sabe que hay reglas y obligaciones, pero además es un niño al que se le nota que es feliz. Los padres podemos confundir de manera inconsciente la alegría de los hijos con la falta de madurez o una culpable despreocupación. La felicidad es una obligación que se aprende a ejercer desde niños y no se debe abandonar nunca.
22. ¿QUÉ HEMOS HECHO MAL… O BIEN? Hemos seguido concienzudamente estos consejos y… ¡este hijo es una maravilla! Lo mismo ocurre -es más frecuente- al contrario: somos unos padres estupendos y… este niño es un vago y un sinvergüenza. Pues sí, estas cosas pasan. El hijo o la hija son, al fin y al cabo, personas diferentes, condicionadas por el fenotipo y el genotipo de una forma tan complicada como misteriosa. Y también libre para sus propias decisiones.
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