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jueves, 10 de enero de 2019

Cómo desarrollar la tolerancia a la frustración



¿Son nuestros hijos menos tolerantes a la frustración de lo que éramos nosotros? ¿Por qué parece que no aceptan que se les niegue nada? Y, sobre todo, ¿qué debemos hacer ante ello?
Por Terry Gragera
“Los niños hoy en día se frustran más rápidamente cuando no consiguen lo que quieren, cuando se les da un ‘no’ por respuesta, cuando se les cambian los planes o cuando les sale mal algo o comenten un error. Vivimos en una sociedad inmediata, queremos tenerlo todo ya, al instante”, advierte Vanessa Olmos, psicóloga en Saüc Psicólogos, de Barcelona. Por su parte, José Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo infantil de San Sebastián, subraya la necesidad de, ante esta situación, ver siempre qué hay más allá: “Detrás de una respuesta de intolerancia a la frustración puede manifestarse una necesidad emocional del niño”.
“Si el niño aún es inmaduro y le cuesta controlar la reacción emocional que supone un ‘no’, es decir, si estamos ante una cuestión meramente normativa, de obediencia, el adulto debe atender a la emoción del niño, ayudarle a regularla, calmarlo, decirle que siente que es difícil para él hacer determinadas renuncias, y acompañarlo en esa emoción, pero siendo al mismo tiempo muy firme en el ‘no’ en la conducta. Sí a las emociones, sí a validar el mundo interno del niño, y no a las conductas indeseadas que no contribuyen a su desarrollo”, explica José Luis Gonzalo. “Aunque el niño tenga un temperamento de base más irritable o explosivo, los genes solo predisponen, no determinan”, subraya el psicólogo.
“Detrás de una respuesta de intolerancia a la frustración puede manifestarse una necesidad emocional del niño”
Además, Vanessa Olmos destaca la importancia de no sobreprotegerlos. “Si los sobreprotegemos, los niños no aprenden por ellos mismos a conseguir lo que desean, no se plantean objetivos ni se esfuerzan por conseguirlos porque ya están papá o mamá para hacerlo por ellos. Hay que acompañarlos y darles las estrategias adecuadas para que lo puedan lograr, pero sin hacerlo por ellos”, recomienda.

Cuándo empezar

A tolerar la frustración se empieza desde la cuna. “Lo ideal sería que los niños fueran aprendiendo ciertas responsabilidades adaptadas a su edad y su etapa de desarrollo. Así van ganando confianza en ellos mismos, autoestima y seguridad, a la vez que aprenden que hay que esforzarse para conseguir las cosas”, enfatiza la psicóloga.
Además de las responsabilidades propias, José Luis Gonzalo destaca la importancia de crear un vínculo afectivo saludable desde que el niño nace, “donde sus necesidades básicas se satisfagan con afecto, ternura, sensibilidad y donde el niño se sienta acompañado por un adulto que le irá ayudando progresivamente a manejar mejor sus emociones, incluso las más intensas y difíciles como la frustración”. Para él, este acompañamiento “sienta las bases para un óptimo desarrollo emocional y un competente desarrollo social”.
“Sí a las emociones, sí a validar el mundo interno del niño, y no a las conductas indeseadas que no contribuyen a su desarrollo”
Posteriormente, y con estas bases ya sentadas, en la segunda infancia el niño es más capaz de autorregularse y el adulto solo “actúa de guía para ayudar en determinadas situaciones, aunque hay que enseñarles a aceptar lo que se siente, a tener pensamientos más positivos, a ver las cosas desde distintos puntos de vista para no quedar secuestrado por las emociones…”, explica el experto. La dificultad para tolerar la frustración puede necesitar de ayuda profesional en algunos casos:
-El niño usa el lloro o el chantaje para conseguirlo todo.
-El niño es consciente de que no tiene control sobre sus reacciones emocionales.
-Las reacciones emocionales del niño le conducen a conductas negativas para él o para los demás.
-Sus explosiones de ira por no tolerar la frustración se hacen muy frecuentes o muy intensas.
-El niño llevaba un desarrollo normalizado y, de repente, sufre un cambio considerable en este sentido.

También en el colegio

La frustración también se trabaja en el colegio. Pero ¿cuál es la mejor forma? Estos son los consejos de Vanessa Olmos,psicóloga en Saüc Psicólogos, de Barcelona: “Potenciar valores en los niños como la planificación, el esfuerzo, poner la mirada en el largo plazo… Que vean que para obtener unos buenos resultados debe haber un trabajo previo, que para resolver los conflictos en el patio hay que saber dialogar, que no pasa nada si se equivocan, porque si lo vuelven a probar seguramente saldrá mejor, que no todo se consigue solo con quererlo, sino que hay que trabajárselo…”, detalla.
José Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo infantil de San Sebastián, subraya en este punto la importancia del profesorado: “El maestro debe ser un ejemplo de tolerancia a la frustración. Una autoridad calmada, una persona firme y respetuosa que sea capaz de recoger lo que el alumno quiere expresar a través de su conducta para luego dar una respuesta razonada que ayude a contener lo que el alumno no puede regular por sí mismo”.
“El maestro debe ser un ejemplo de tolerancia a la frustración. Una autoridad calmada, una persona firme y respetuosa”
FUENTE:
http://padresycolegios.com/ 

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