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lunes, 22 de enero de 2018

DESPACIO Y CON BUENA LETRA


DESPACIO Y CON BUENA LETRA

Detrás de muchas de las dificultades de aprendizaje que aparecen  en las aulas, existe una desorganización neurofuncional. Por eso, es tan importante que los profesionales conozcan las bases sobre las que se sustenta una correcta organización y así, estructurar el proceso de enseñanza-aprendizaje alrededor de ellas. Los niños no son máquinas y los estamos sometiendo a una gran presión educativa desde edades muy tempranas. Padres y educadores tenemos que recapacitar y reconducir la educación de nuestros hijos. Aunque primero habría que cambiar nuestro sistema educativo.
Descubrir el complejo multifactorial que hay detrás de lo que vienen denominando TDA-H, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad; saber más sobre la importancia de la alimentación para el cerebro, comprobar que además de un ojo que ve correctamente, se necesita de las habilidades de ambos y de una correcta interpretación de su información por el cerebro y abrir la caja de Pandora de la construcción de la lateralidad, es el reto al que se enfrentan psicólogos, psicopedagogos, psiquiatras infantiles y docentes.
Los docentes desempeñan un papel fundamental, no sólo en la detección de problemas (muchas veces la primera alerta viene por parte de los profesores de los niños), sino que también son importantes en la resolución de estos inconvenientes que aparecen. Que un niño cuente o no con el apoyo de la escuela, que sea comprendido o no, que su profesor le apoye o no, resulta decisivo. En el colegio, y sobre todo en la etapa de Educación Infantil, es donde se manifiestan las primeras deficiencias.
Para la doctora experta en desarrollo infantil, Mar Ferré, “si la escolarización a los tres años consiste en una especialización prematura con el inicio de la lectoescritura a estas edades tempranas, puede influir negativamente en el aprendizaje. Necesitamos un sistema nervioso maduro que cuente con una correcta organización para acceder al aprendizaje instrumental con éxito”.
A las consultas de psicólogos y psiquiatras infantiles, acuden padres angustiados con niños que, a los 6 años, aún no están correctamente lateralizados, presentando muchas dificultades de aprendizaje. La lateralización es el proceso por el que se desarrolla la enseñanza de la lectoescritura y la madurez completa del lenguaje, además los niños toman conciencia de su lado derecho o izquierdo y aprenden a diferenciar e identificar determinadas letras.
Si en pro de lo que ahora se llama “excelencia” se “fuerza” el aprendizaje y se inicia la lectoescritura a edades muy tempranas, se está cometiendo un error y a los niños no les reporta ningún beneficio. Hay otras formas de trabajo que se pueden realizar a estas edades para preparar al niño para una correcta lateralización y para el aprendizaje con mayores posibilidades de éxito.
La adquisición de la lateralidad es un proceso fisiológico que todo niño sano debe, en teoría, alcanzar sin presentar grandes problemas. Pero esa es la teoría. Si permitimos que el niño viva todas las etapas previas y le concedemos espacio y tiempo suficientes, si no se suman factores condicionantes, establecerá correctamente su lateralidad. En este sentido, la doctora Ferré apunta que “es fundamental la etapa de suelo, con especial importancia a la etapa de gateo, de un gateo que además debe ser correcto (¡no vale cualquier forma de gatear!) y que no todos los niños pueden desarrollar por falta de espacio, por temor a que se resfríen, etc…”.
También hay que considerar que no todos los niños maduran al mismo ritmo, por lo que es muy importante conceder a cada niño su tiempo. Mar Ferré aclara “no podemos pretender que un niño prematuro, por ejemplo, inicialmente tenga el mismo nivel y ritmo de desarrollo que un bebé nacido a término.”
Por otro lado, la doctora Ferré destaca que “detrás de un niño al que le cuesta leer y/o escribir hay algo más que un niño vago o un niño que no le gusta la lectura. Ante una experiencia nueva o un nuevo estímulo, al cerebro le resulta mucho más fácil aprender que no hacerlo. Por tanto, no existen niños vagos en edades tempranas sino niños con mayor dificultad para adquirir ciertos aprendizajes debido a problemas de organización neurofuncional, sensorial u organización lateral.”
En cuanto al TDAH, Ferré puntualiza “se trata de un síndrome multicausal y multifactorial que requiere de un abordaje causal muy completo, personalizado y, en ocasiones, multidisciplinar. Por tanto, requiere una exploración exhaustiva para llegar al diagnóstico causal. En primer lugar, es necesario realizar un diagnóstico diferencial con un síndrome de estrés postraumático de la infancia aunque también las causas pueden ser de tipo biológico, emocional, o desórdenes neurofuncionales, sensoriales y laterales fundamentalmente.”
Por otra parte, los padres deben tener claro que el colegio es el lugar donde más horas pasan los niños, por tanto, es fundamental que ese lugar sea adecuado para el desarrollo infantil. Isabel Sanchís, psicóloga y orientadora escolar, apuesta por la introducción del concepto de las inteligencias múltiples en el aula y la innovación educativa “para mí la etapa de infantil ideal (2º ciclo) tendría que ser acogedora e integradora, diseñada con mucho espacio, y con tiempo, tiempo para todos. Esta etapa sería estimulante y estimuladora, sin clases separadas por edades, con muchas actividades que favorezcan la creatividad, la experimentación, la interacción, la cooperación y la convivencia pacífica.”
Sanchís recalca que, además, se asentaría sobre las bases del respeto, favorecedora de la autonomía, de una visión positiva de uno mismo y de su desarrollo. Tendría que acompañar los procesos de cada niño para aprender, facilitar diferentes vías de aprendizaje y dar oportunidades a todos. Asimismo, Isabel Sanchís aporta que la Educación infantil tendría que contar con los mejores maestros formados en técnica evolutiva, técnicas de disciplina positiva y comunicación eficaz, además de cultura de pensamiento. Estos maestros estarían con la mirada puesta en el bienestar de los niños y que entiendan el error como parte importante del aprendizaje, no sancionándolo sino integrándolo como parte del proceso de la enseñanza. En dicha etapa, se llevaría a cabo una evaluación formativa, continua e integradora que lleve a cada niño a completar su aprendizaje.
Además, tendría que contar con la colaboración, la confianza y la complicidad de las familias para llevar a cabo proyectos comunes, a través de una relación fluida, cercana y transparente. Donde más importante que coger un lápiz y escribir fuera jugar, desarrollar los patrones de movimiento que serán la base de los posteriores aprendizajes, proporcionar experiencias sensoriales y emocionales; desarrollarse como los individuos emocionales que somos. Las escuelas deben ser lugares donde los espacios para crear, desarrollarse, comunicarse con la naturaleza y la exploración sean más importantes que los pupitres.
Fuente: Hoja del lunes – Begoña Vilaplana
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