Sí, ya lo sé, no se puede hacer una frase con el NO porque el cerebro no computa el no. Si te digo: “No imagines un orangután naranja subiendo por una palmera”, ya estás imaginando el orangután y la palmera, e incluso una playa y el sol. Por tanto, para que algo se quede no utilices el NO, ponlo en positivo.
Pues yo, contra todo lo que suelo hacer, voy a dar un consejo, y voy a ser cabezón y voy a mantener el no: NO HABLES MAL DE TUS ALUMNOS, de ninguno de ellos. Es algo muy importante. Y voy a tratar de enumerar los problemas que genera hablar mal de los propios alumnos. Te dejo a ti que completes la lista. Esto es lo que me digo yo:
Primero: Nos convierte en sus jueces, no solo académicamente, sino en este caso, como personas: les juzgamos negativamente en cuanto personas.
Segundo: Nos distancia de los alumnos, nos aleja. Después de las quejas y de hablar mal queda una división, él o ellos y yo. Traza una línea de separación. Si se habla mal no se comparte. Traza una frontera entre profesor y alumno.
Tercero: Nos hace centrarnos en unos pocos alumnos, disruptivos, poco trabajadores, impuntuales, poco respetuosos… lo que queramos, pero nunca todos los alumnos, más bien normalmente en unos pocos. Esto quita la vista del conjunto y termina utilizando gran parte de la atención del docente para focalizarse en unos pocos alumnos, y olvidarnos de los elementos positivos de la clase
Cuarto: Nos centra en alguna característica negativa particular de la persona. Esto nos aleja de ver a los alumnos integralmente, como personas. Como personas no podemos ser reducidos a una característica y mucho menos si es negativa. Por tanto dejamos de conocer de verdad a nuestros alumnos, para verlos solo bajo un prisma reductivo.
Quinto: Genera mal ambiente. Crea mal ambiente entre los profesores sobre los alumnos. Ese prejuicio que se crea en el ambiente acaba a su vez repercutiendo negativamente en otras clases, en el ambiente del centro en general. Compromete el ambiente del centro educativo en el que estés.
Sexto: La queja emocionalmente se genera en la impotencia y la resignación, emociones secundarias que no responden directamente a la situación real. La queja refleja una situación personal de un cierto fracaso e impotencia. Esto me parece muy importante: detrás de toda queja hay un fracaso, en este caso como profesor. Me parece duro decir esto, pero no lo retiro, si efectivamente hablas mal de un alumno.
Séptimo: Te impide ver lo positivo que hay en ese o esos alumnos y opaca las virtudes y capacidades del resto de alumnos. La queja centra la mirada, la focaliza y la atrapa. Nos volvemos ciegos para lo que realmente ocurre en el aula.
Octavo: Ten en cuenta que nuestro lenguaje crea realidad. La realidad creada al hablar mal es negativa. Esto va a hacer difícil encontrar soluciones positivas para ese o esos alumnos.
Noveno: Contribuye a la creación de un sentimiento depresivo, desaminado y desilusionado sobre el propio trabajo. Esto incrementa el estrés laboral.
Resumo: distancia, separa, creamos una realidad negativa, refleja fracaso, crea mal ambiente, incrementa el estrés laboral…
Seguro que a ti se te ocurren otros efectos y me gustaría mucho que los añadieses con tu comentario abajo.
Solo quiero terminar diciendo que el esfuerzo para expresar en positivo las dificultades de nuestros alumnos, que indudablemente las tienen, desde luego, es el primer paso para ayudarles, pero también es algo sano para nosotros mismos como docentes y para el ambiente profesional de los docentes y del centro entero.
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