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miércoles, 14 de marzo de 2012

Autoconcepto y autoestima/Educador


Autoconcepto y autoestima

El autoconcepto resulta ser una elaboración cognitiva del sujeto que se desarrolla a partir de su interacción con el medio social. Es la percepción de uno mismo, lo que se ve cuando la persona se mira en su espejo interno, y abarca lo que se cree que se es, lo que cada cual se siente capaz de ser o hacer, lo que se tiene y la forma en que se piensa que le perciben los demás.
La autoestima se revela como la valoración, positiva o negativa, del propio autoconcepto. Los individuos con una pobre valoración de sí mismos y de sus capacidades dependen en gran medida del reconocimiento de los demás, y para obtener la aprobación de los otros están altamente dispuestos a satisfacer sus demandas. Ello supone un claro factor de riesgo para el consumo de drogas, ya que reduce la probabilidad de enfrentarse exitosamente a la presión hacia el consumo que puede proceder del grupo de iguales o de la publicidad.

Por el contrario, las personas con una sobreelevada autoestima tienden a considerar que son merecedoras del respeto y la consideración de los demás, con independencia de que su conducta se ajuste o no a los deseos de los otros.
Asimismo, se consideran más autoeficaces, entendiendo que la posibilidad de resistirse a la presión hacia el consumo de drogas es una alternativa de conducta perfectamente asumible y bajo su control, sean cuales sean las circunstancias en que la presión se produzca.

Autoconcepto y autoestima

Trabajar la mejora de la autoestima supone para el educador una tarea paciente y continua que desde edades tempranas ha de iniciarse.

Mejorar la autoestima consiste, por un lado, en emitir mensajes positivos dirigidos a los alumnos (basados en la realidad), y por otro, en situar de continuo a la persona frente a retos a su alcance. Cuando el individuo supera determinado obstáculo o consigue alcanzar ciertas metas, el mensaje positivo surte su efecto benefactor, pues básicamente no hace sino ratificar los hechos que lo avalan. El deseo de volver a experimentar el refuerzo positivo alentará nuevos intentos por parte del individuo para consolidar conquistas y aprendizajes, introduciéndose en una espiral de esfuerzo-logro-refuerzo altamente positiva para su equilibrio emocional y su desarrollo personal.

La autoestima se encuentra muy ligada a la autoeficacia, y por tanto a todos los factores que engloba la competencia social. Por esta razón, las actividades entre cuyos objetivos se encuentra la adquisición de destrezas y habilidades sociales tienen un efecto positivo sobre la autoestima.



Los dos componentes de la autoestima, uno de carácter objetivo (la consecución de logros) y otro más marcadamente subjetivo (el merecimiento o sentimiento de ser acreedor a la valoración positiva de los demás) se pueden trabajar en dos niveles de relación: en el marco del grupo-clase, mediante actividades basadas en la superación de retos individuales o colectivos, incluyendo la subsiguiente adjetivación del proceso, y en el contexto de la relación entre adulto y niño o adolescente empleando el lenguaje positivo.

El trabajo para la mejora de la autoestima de los alumnos en etapas evolutivas tempranas
Los niños, recién cumplidos los seis o siete años de edad ya poseen una incompleta pero más o menos realista visión de sí mismos, una esquemática imagen de su persona. En esta conciencia de sí mismo se incluyen aspectos evaluativos; es decir, se valoran positiva o negativamente, y a menudo con juicios extremadamente severos.

Sin embargo en estas edades toman como punto de partida la valoración del adulto para establecer a continuación la suya propia. Puede afirmarse que el adulto es aún su espejo: el comentario, la mirada, la atención –aun momentánea- hacia su persona determinan la inmediata etiquetación que el niño activa para calificarse.

Fuente:FAD

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